Martes, 12 Febrero 2013 00:00

Martes V del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gn 1,20-2,4a; Sal 8; Mc 7,1-13

Jesús declara la guerra a la hipocrecía

Captación

Las palabras de Jesús contra escribas y fariseos, en lo que se refiere a ciertas prácticas y al seguimiento ciego de tradiciones externas que se concentran en la forma sin atender al significado espiritual, son extraordinariamente duras. Pero no debemos ver en esta declaración de Cristo, exclusivamente, una crítica a estos maestros de la ley, sino también una declaración de guerra a toda hipocrecía que coloca al hombre en la vía de la mentira existencial.

Cuerpo

La hipocrecía puede ser un pecado, como muchos otros, sobre todo cuando es vivida en plena conciencia de los propios actos y con el propósito claro de ocultar la verdad para lograr algún bien terreno, como puede ser ocupar algún puesto importante o aparecer ante los otros deliberadamente como personas sabias o dignas de admiración. Pero al mismo tiempo, cuando se convierte en un vicio recurrente o en un estado permamente de la persona [tal vez podríamos hablar de "hipocrecía espiritual", tiene el poder de sumir a la persona en un estado de total enajenación de la realidad, de "mentira existencial". De hecho, la fuerza con la que Jesús critica a estas autoridades y denuncia su hipocrecía poniendo a la luz la mentira que yace detrás de su aparente rectitud moral y talla espiritual, constituye un fuerte llamado a despertar la conciencia del letargo y del engaño de la ilusión a que conduce vivir sólo por las apariencias. Jesús, definitivamente, en diversos momentos, se declara "en guerra" contra la hipocrecía.

Conclusión

No sólo aquellos escribas y fariseos. También nosotros podemos ser muchas veces víctimas de nuestros propios engaños e ilusiones. El hombre de hoy, podría decir, vive de apariencias. La importancia del "ser" cede cada vez más su lugar al simple "aparecer". Las consecuencias de este proceso de "degradación" de la propia identidad y de la conciencia son nefastas.

Otras Ideas

  • Estas palabras del Señor nos recuerdan que debe existir una relación esencial entre las obras y la fe sincera en Dios. La "hipocrecía" de los Fariseos se entiende también como una especia de "fijación" en las obras externas, sin dar más importancia a la esencialidad de esos actos, a la fe o al fondo espiritual que es su fundamento. Las obras en sí mismas, pueden convertirse en actos vacíos, carentes de fondo espiritual y, por lo tanto, estériles desde su origen.
  • Publicado en Ideas para hoy

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