Martes, 16 Octubre 2012 00:00

Martes XXVIII del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gal 5,1-6; Sal 118; Lc 11,37-41

El fariseismo de siempre

Captación

En muchos episodios que relatan los Evangelios aparece Jesús en polémica con los fariseos. Y lo que Jesús más critica en este grupo social es lo que nosotros hoy llamamos "fariseismo", algo muy presente también en nuestra sociedad actual. El fariseísmo, en los tiempos de Jesús era una distorsión de la religión, pues consistía en el intento de basar toda la relación personal con Dios en una especie de "ética religiosa", reduciéndolo todo al cumplimiento estricto de leyes y preceptos hasta en los más mínimos de talles. La consecuencia de esto era una práctica religiosa basada en lo externo y, por lo tanto superficial, y la separación tan radical como artificial entre "justos" y "pecadores".

Cuerpo

Pero podemos decir también que existe un "fariseismo" actual, que tiene una dimensión más amplia, y consiste en una cierta rectitud externa que puede estar basada tanto en principios éticos como en el cumplimiento de preceptos religiosos, pero no es expresión de una verdadera rectitud interior o espiritual, sino que en muchos casos se le contrapone [Esto lo vemos en un gran número de cristianos que afirman creer en Dios e incluso se denominan "cristianos practicantes", pero no dejan de ser exponentes, para muchos otros aspectos de su vida, de una verdadera mentalidad mundana que es en realidad su verdadero modo de ver la realidad, aunque con un barniz externo de piedad o de práctica religiosa.]. Ahora bien, en esto hay grados, y todos, en mayor o menor medida, somos víctimas de este fariseísmo, que es un tipo de hipocrecía, una hipocrecía religiosa. Somos fariseos cuando creamos en nuestra vida una separación tal entre lo religioso y lo social, que no estamos dispuestos a aplicar nuestros principios religiosos y nuestra fe a muchos ámbitos de nuestra vida ordinaria. Por ejemplo, voy a misa algunos domingos del año, o incluso todos los domingos, pero en muchas circunstancias son condescendiente con ambientes, lugares, actividades, personas o cosas, con están en absoluto contraste con el Evangelio. Pero la consecuencia de esto es muy grave: el mundo va ganando cada vez más espacio en nosotros y pervierte nuestra mente y nuestros pensamientos con su mentalidad, que es poderosa y sugestiva.

Conclusión

¡No nos equivoquemos! Jesús no dirige estas reprensiones a "otros" que, a diferencia de nosotros, viven en la hipocrecía. Todos, en mayor o menor medida, somos víctimas del fariseismo y de la tibieza en el modo de vivir nuestro cristianismo, y hoy el Señor nos dirige esta llamada fuerte a la conversión y a un mayor compromiso personal con su Evangelio.

Otras Ideas

  • El fariseismo es el apego excesivo y superficial a las leyes y preceptos. Pero es también un error contraponer una cierta "espiritualidad interior" al cumplimiento de normas. Con esta escusa muchos cristianos dejan de cumplir con ciertos preceptos, pues los consideran artificiales y alegan vivir su catolicismo de una manera más auténtica, más "espiritual". Pero, ¿es cierto esto? En realidad Jesús nunca criticó el cumplimiento de los preceptos. ¡Él mismo fue cumplidor de los preceptos de la ley! Lo que Él critico fue la doblez en la práctica religiosa, de cumplir externamente con una lista interminable y excesiva de normas detallistas, y al mismo tiempo no vivir una religiosidad interior más auténtica, por ejemplo, en el ejercicio de la caridad.
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    Publicado en Ideas para hoy

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