Jueves, 07 Febrero 2013 00:00

Jueves IV del Tiempo Ordinario

Lecturas: Hb 12,18-19.21.24; Sal 47; Mc 6,7-13

Nuestro poder sobre el mal

Captación

Jesús envía a sus discípulos y les da poder sobre los "espíritus inmundos". Al escuchar estas palabras inmediatamente pensamos en el poder para exhorcisar a los endemoniados. Pero "el poder" entregado por Jesús no se reduce a eso. De alguna manera, toda persona que ha recibido al Espíritu Santo por el Bautismo, es "enviada" y por la fuerza de la gracia adquiere un poder sobre el mal que deberá usar, en primer lugar, para vencer al propio pecado y, en segundo lugar, para oponerse al mal que hay en el mundo y vencerlo con el poder de Cristo.

Cuerpo

El sentido verdadero de nuestra vida está en pasar de la esclavitud del pecado a la libertad que viene de Dios. Somos llamados a vencer todo mal. Esa es la finalidad de la misión que Jesús nos confía: vencer el egoísmo, vence el odio, vencer la vanidad, vencer todo aquello que nos aisla del resto y nos encierra en nosotros mismos; primero la que hay en nosotros, y luego ayudar a los demás. Esto forma parte esencial de nuestra vocación cristiana.

La potencia del mal se basa en el engaño. Cuando el hombre cae presa del pecado, vive en la mentira y es esclavo de la mentira. El bien que nos ofrece Cristo, en cambio, es una libertad que tiene como fundamento la verdad [esa libertad a la que nos llama Cristo se expresa muy gráficamente en la sobriedad del envío o en la ausencia de medios visibles; ¿qué nos pide el Señor que llevemos? Nada]. Nuestra misión es, por lo tanto, vivir en la verdad de Cristo y comunicarla a nuestros hermanos y hermanas que caminan a oscuras.

Conclusión

Es importante que comprendamos que Jesús no nos envía sin un sentido concreto. Hablar de una vocación "universal" al apostolado no es una metáfora. Es cierto que algunos son llamados de una manera más especial o "total" a vivir esa dimensión de la vida cristiana, pero todos participamos de esa victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte que se debe plasmar de una manera muy clara en nuestra acción apostólica, la cual empieza por nuestro testimonio de fe.

 
Publicado en Ideas para hoy

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