Lunes, 30 Marzo 2015 00:00

Lunes Santo 2015

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Sábado, 28 Marzo 2015 00:00

Sábado V de Cuaresma 2015

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Viernes, 27 Marzo 2015 00:00

Viernes V de Cuaresma 2015

Viernes V CUA (I) / Jr 20,10-13 / Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 / Jn 10,31-42 / Fariseismo / Hipocrecía / Parresía / Amor a Dios / Criterios del mundo / Escotosis / Mentira existencial

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Martes, 12 Febrero 2013 00:00

Martes V del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gn 1,20-2,4a; Sal 8; Mc 7,1-13

Jesús declara la guerra a la hipocrecía

Captación

Las palabras de Jesús contra escribas y fariseos, en lo que se refiere a ciertas prácticas y al seguimiento ciego de tradiciones externas que se concentran en la forma sin atender al significado espiritual, son extraordinariamente duras. Pero no debemos ver en esta declaración de Cristo, exclusivamente, una crítica a estos maestros de la ley, sino también una declaración de guerra a toda hipocrecía que coloca al hombre en la vía de la mentira existencial.

Cuerpo

La hipocrecía puede ser un pecado, como muchos otros, sobre todo cuando es vivida en plena conciencia de los propios actos y con el propósito claro de ocultar la verdad para lograr algún bien terreno, como puede ser ocupar algún puesto importante o aparecer ante los otros deliberadamente como personas sabias o dignas de admiración. Pero al mismo tiempo, cuando se convierte en un vicio recurrente o en un estado permamente de la persona [tal vez podríamos hablar de "hipocrecía espiritual", tiene el poder de sumir a la persona en un estado de total enajenación de la realidad, de "mentira existencial". De hecho, la fuerza con la que Jesús critica a estas autoridades y denuncia su hipocrecía poniendo a la luz la mentira que yace detrás de su aparente rectitud moral y talla espiritual, constituye un fuerte llamado a despertar la conciencia del letargo y del engaño de la ilusión a que conduce vivir sólo por las apariencias. Jesús, definitivamente, en diversos momentos, se declara "en guerra" contra la hipocrecía.

Conclusión

No sólo aquellos escribas y fariseos. También nosotros podemos ser muchas veces víctimas de nuestros propios engaños e ilusiones. El hombre de hoy, podría decir, vive de apariencias. La importancia del "ser" cede cada vez más su lugar al simple "aparecer". Las consecuencias de este proceso de "degradación" de la propia identidad y de la conciencia son nefastas.

Otras Ideas

  • Estas palabras del Señor nos recuerdan que debe existir una relación esencial entre las obras y la fe sincera en Dios. La "hipocrecía" de los Fariseos se entiende también como una especia de "fijación" en las obras externas, sin dar más importancia a la esencialidad de esos actos, a la fe o al fondo espiritual que es su fundamento. Las obras en sí mismas, pueden convertirse en actos vacíos, carentes de fondo espiritual y, por lo tanto, estériles desde su origen.
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    Viernes, 19 Octubre 2012 00:00

    Viernes XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Ef 1,11-14; Sal 32; Lc 12,1-7

    Cuidado con la mala levadura

    Captación

    Estas palabras de Jesús vienen justo después de los discursos tan afilados y recios que el Maestro lanza contra los Escribas y Fariseos. Justo antes de este pasaje San Lucas señala que a partir de este momento, los maestros de la Ley se dispusieron radicalmente contra Jesús y comenzaron a cuestionarlo y a tenderle trampas con el objeto de desprestigiarlo y matarlo. Pero mientras ellos tratan de eliminar a Jesús, la gente se atropeya por seguirlo y escucharlo.

    Cuerpo

    A estas masas que se atropeyan por escuchar a Jesús Él les dice: "Cuidado con la levadura de los Escribas y Fariseos, que es su hipocrecía". Jesús se refiere al "espíritu de la existencia", es decir el modo concreto de vivir que se convierte en feremento de nuestra existencia. La levadura de los fariseos, es decir, su modo de vivir es la hipocrecía. Todos podemos caer en la tentación de ser hipócritas en determinadas circunstancias, pero otra cosa es vivir una hipocrecía existencial, que es lo que Jesús critica en ellos. Esto significa que ya no importa quién se es realmente, sino quién se aparenta ser. El vicio de la hipocrecía está relacionado con la imagen personal frente a los demás. La motivación del actuar no es el amor por la verdad o por el prójimo, sino el amor por la propia imagen frente a los demás y el afán de defender una serie de cosas que forman parte de mi apariencia, en las que se ponen toda la seguridad personal. Es una manía que implica no aceptarse a sí mismo y querer ser algo que no se es. Por esto el Señor afirma que "no hay nada escondido que no será descubierto", pues esta búsqueda vana de la imagen en el fondo es una ilusión que no se sostiene y tarde o temprano revela su aguda mentira. Es una dinámica auto-destructiva. En oposición a este tipo de "levadura", está el principio que dona Jesús, que es el Espíritu que conduce a la Verdad.

    Conclusión

    ¿Cuál es el principio de mi propia vida? es lo que debemos preguntarnos. La no-aceptación de uno mismo y el afán por ser algo que no se es, que deriva en hipocrecía, es el principio de todos los males; conduce a vivir siempre en la mentira y alimentarse de ilusiones. Y el problema de esto es que nos impide adherirnos a la verdad que Jesús nos ofrece. Debemos desenmascarar nuestras hipocrecías y nuestra mentira existencial para poder acercarnos a la luz de la verdad que nos ofrece Jesús. 
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