Miércoles, 06 Febrero 2013 00:00

Miércoles IV del Tiempo Ordinario

Lecturas: Hb 12,4-7.11-15; Sal 102; Mc 6,1-6

Jesús se maravilla por nuestra falta de fe

Captación

En este Evangelio hay dos que "se maravillan". Primero se maravillan los que escuchan hablar a Jesús y ven sus obras. Luego se maravilla Cristo de su tremenda falta de fe, tremenda hasta el punto de no poder realizar milagros. En otras palabras, Jesús se imposibilitado de realizar su misión. ¿Es esto posible? Ciertamente lo es, y es lo que también a nosotros debe llevarnos a maravillarnos por el modo como Dios respeta la libertad del hombre y lo invita a una respuesta de asentimiento a la invitación de Dios.

Cuerpo

Ahora bien, eso de que "Dios invita al hombre" a algunos no les resulta cierto porque afirman: ¿porqué Dios no se manifiesta de una manera más clara? ¿Acaso esperamos que se aparezca como se apareció a sus apóstoles luego de su resurrección? Pero los que hacen este tipo de razonamiento olvidan que fueron muchos los que contemplaron las obras de Jesús y no creyeron [Judas es el arquetipo de este caso]. En el Evangelio que acabamos de escuchar sucede exactamente esto: la presencia de Jesús entre ellos pone en evidencia un sinnúmero de prejuicios [tenían una idea propía acerca de cómo debía ser el Mesías; no podía ser un hombre cualquiera, como lo era el hijo de María y de José, un conocido] y con ello se imposibilitan a sí mismos a comprender el mensaje de Jesús. Paradójicamente, son muchas veces los paganos, y no los descendientes de David, los que abrirían su corazón a la Palabra de Jesús, justamente por estar desprovistos de falsas expectativas y de pretensiones.

Esto nos causa maravilla: que Dios requiera de la libertad del hombre hasta el punto de no poder ayudarlo si él no da su asentimiento. La respuesta a Dios tiene que ser una respuesta libre y fundada en el amor.

Conclusión

No estamos excluidos de esta triste comprobación del Señor. Tal vez nosotros alguna vez también le maravillamos con nuestra dureza de corazón y nuestra falta de fe; cuando pretendemos que Dios actue según nuestros parámetros y criterios personales. Somos nosotros los que queremos dictar cómo se hacen las cosas, no Dios. Y decimos: "si Dios actuara, esto o aquello no hubiera sucedido". Es una grande soberbia la que lleva al hombre a poner a Dios en tela de juicio.

Otras Ideas

  • La cultura actual es una que sólo cree en aquello que puede "probar científicamente". Pero al mismo tiempo da por hechas muchas cosas que también son imposibles de comprobar. En realidad, la causa de la incredulidad no es la falta de pruebas, sino el prejuicio y la cerrazón. Decía C. K. Chesterton: "el que no cree en nada, termina por creer en cualquier cosa". Muy cierto.
  • Lo que causa sorpresa es que Dios omnipotente se presente como uno que tiene nada de espectacular. ¿No es eso lo que se observa en el nacimiento de Cristo? Más allá de ciertos signos portentosos presentes en toda la vida de Cristo -la estrella, el bautismo, los milagros, etc.- Él se presenta al hombre como lo que es: un hombre. ¡Dios hecho hombre! pero su manifestación espera siempre la cooperación de nuestra libertad, de otro modo no podemos recibir el don. Nos sucedería como sucede a los hombres del Evangelio: vemos a uno que no tiene nada de especial, uno "como nosotros", el hijo de Fulano.
  • Publicado en Ideas para hoy

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