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Martes, 12 Marzo 2013 00:00

Martes IV de Cuaresma

Lecturas: Ez 47,1-9.12; Sal 45; Jn 5,1-3.5-16

La verdadera ruina del hombre

Captación

El Evangelio de hoy termina con una advertencia por parte de Jesús al paralítico: "no peques más, no sea que te suceda algo peor". Pero, ¿qué hay peor que una enfermedad de 38 años? ¿Acaso no había sufrido lo suficiente este pobre hombre? Pero a esto se añade otro dato curioso, y es el hecho de que el Señor le pregunte, ¿quieres quedar sano? Una pregunta con una respuesta bastante obvia. Pero sabemos que Jesús no desperdicia palabras y tampoco actúa sin un propósito concreto. ¿Cómo entender, entonces, su intervención aquí?

Cuerpo

Como en otras ocasiones, Jesús parece poner el acento no tanto en la curación física sino en la curación espiritual de la persona. Con la primera pregunta -¿quieres ser curado?- lo que busca es suscitar la fe de la persona y permitir que libremente dé su asentimiento. Y con la advertencia final, la invita a la conversión poniendo nuevamente la fuerza no sobre el aspecto físico de la curación sino sobre la parte espiritual. Hay un signo claro, que es el milagro de la curación física, pero hay un milagro más grande que es el de la fe.

No podemos adivinar en qué pensaba el Señor cuando dijo: "no vaya a ser que te suceda algo peor", pero perfectamente podemos decir que, muy probablemente, esa advertencia no se refería tanto a la posibilidad de algún accidente físico o de alguna enfermedad más grave -más aún si consideramos que para Jesús, a diferencia de los fariseos, la presencia de una enfermedad no necesariamente era signo de la presencia del pecado-, sino a un mal espiritual, como el alejamiento de Dios o el pecado mismo.

Conclusión

A veces olvidamos que el peor mal que puede caer sobre el hombre no es tanto el mal físico o material, sino su mal espiritual, y peor aún, la ruina espiritual, cuando una persona vive, pero por dentro está muerta, porque se ha alejado de Dios completamente. Nosotros no estamos en ese estado, ciertamente, pero de todos modos es bueno que recordemos que cada pecado que cometemos es fuente de mal para nosotros y para el mundo que nos rodea, y abonamos en la dirección opuesta al Plan de Dios para el hombre. Así que también a nosotros va dirigida esta exhortación del Señor a no pecar, y a caminar más bien en la dirección opuesta al pecado.

 
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