Viernes, 08 Febrero 2013 12:13

"Hablar" la homilía es mejor

¿Porqué cuando una persona lee delante de nosotros un discurso tenemos una sensación totalmente distinta de cuando una persona verdaderamente “nos habla”? Muchos sacerdotes eligen leer sus homilías en lugar de hablarlas. Pero la diferencia entre una y otra forma es muy grande. Por más bueno que sea el contenido escrito, siempre será mejor “hablarlo” sin leer. El grado de comunicación que se realiza cuando entre nosotros y nuestro público no existe otra mediación que la de nuestra voz, nuestros gestos y nuestra mirada, es significativamente más alto que aquel que se produce cuando se lee delante de las personas. En la lectura nuestro lenguaje se reduce a la voz y a nuestra entonación. En el lenguaje oral se involucra toda la persona: gestos, mirada, sentimientos. Por eso en muchos casos –es el caso de la homilía– el lenguaje oral es mucho más efectivo que el escrito.

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Miércoles, 01 Agosto 2012 14:55

Cómo proclamar la Palabra II

Este artículo es complemento del anterior titulado predicar-con-los-signos/como-proclamar-la-palabra-i. A continuación nos referimos a algunos puntos que quedaron pendientes.

  • Es fundamental considerar que no se trata de una simple lectura de textos bíblicos, sino de una proclamación, un anuncio. Es importante entonces que tanto la postura del lector com su actitud de reverencia reflejen exactamente eso, que se trata de un acto solemne y sagrado.
  • Evitar subir al presbiterio con instrumentos musicales. Esto es algo que no se prohibe de manera explícita en el ordenamiento litúrgico pero que, en mi opinión, se debe evitar. Alguna vez he visto al salmista subir al lugar donde están las lecturas con una guitarra en la mano para acompañar el canto del salmo. Sin negar la motivación encomiable de querer embellecer musicalmente la oración en la Misa, esto puede generar un efecto sutil contraproducente, que es banalizar el momento y el lugar.
  • Martes, 26 Junio 2012 19:44

    ¿Adónde dirigir la mirada?

    Uno de los dilemas que enfrentan los oradores diletantes, como sucede frecuentemente con los sacerdotes recién ordenados que no han tenido un entrenamiento especializado en oratoria, es que no saben adónde dirigir la mirada. Una de las recomendaciones que se suele dar es escoger un punto al fondo del recinto, ligeramente por encima de los oyentes, y mirar hacia ese lugar; en términos generales esa técnica funciona y es un buen recurso para ciertas situaciones: cuando no se sabe adónde mirar, se está nervioso o se tiene un poco de miedo, no se conoce en profundidad el discurso –y por lo tanto se necesita una cierta concentración para seguir el hilo conductor–, etc. Estas y otras situaciones pueden hacer que la mejor opción sea mirar hacia el fondo. Mirar hacia abajo, hacia arriba o hacia los costados, nunca es algo recomendable, a menos que se quiera dirigir la mirada en un momento dado para señalar algo o “teatralizar” una idea.

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