Viernes, 01 Marzo 2013 00:00

Viernes II de Cuaresma

Lecturas: Gn 37,3-28; Sal 104; Mt 21,33-43.45-46

¿Quiénes matan al Señor, hoy?

Captación

Esta parábola tiene un claro significado histórico. Es como un resumen de la historia de la Salvación. Dios, a lo largo del tiempo, ha intentado salvar a su pueblo enviando profetas y mensajeros. Finalmente, envía a su mismo Hijo, Jesucristo, pero al igual que los anteriores, es rechazado y asesinado.

Cuerpo

A lo largo de la historia de la salvación Dios ha mostrado un corazón lleno de misericordia, que a pesar del rechazo del hombre, ha mostrado una y otra vez su amor de predilección, renovándole su confianza hasta el punto de dar a su propio Hijo en expiación por nuestros pecados.

¿Quiénes son los protagonistas de este relato? ¿Son acaso los Escribas y Fariseos? Son ellos, ciertamente, pero no sólo ellos. Hoy, somos nosotros los protagonistas. En nuestra propia vida Dios actúa tal como actuó con su pueblo Israel. El Señor intenta continuamente entrar en nuestra vida. Nos envía ayudas, nos habla, nos envía "mensajeros", pero nosotros no queremos escuchar; no queremos recibir "el don de Dios". Pero este rechazo de Dios llega a su punto crítico cuando rechazamos a su Hijo Jesús. Y este rechazo no tiene que ser uno radical como el de los viñadores de la parábola; no necesariamente tiene que revestir la forma de una negación explícita o blasmefa, para constituir un rechazo. Basta nuestra indiferencia. Con ella de alguna manera dejamos a Jesús morir en nuestro corazón y en el corazón de los demás.

Conclusión

La consecuencia de nuestro comportamiento es que Dios no puede hacernos benefactores de su don. El no puede obligarnos a ser receptores de su amor. ¿Quemos saber qué tan indiferentes somos a Dios? Lo primero que tenemos que pensar es qué lugar ocupa Él en nuestra vida. Pero no es Él de manera abstracta, sino de manera concreta en nuestra relación con la Iglesia, con nuestra fe católica. Ignorar a la Iglesia, es ignorar a Cristo; ignorar los preceptos de la fe católica, es cerrar los oídos a la voz del Señor.

Otras Ideas

  • Parece muy duro escuchar que Dios "quitará su viña a sus elegidos y se la dará a otros". Pero es una manera de decir que, a causa de nuestra dureza de corazón, corremos el riesgo de rechazar definitivamente a Dios. A Él no le quedará más remedios que "dar a otros" aquello que estaba destinado a nosotros. Dios, más que "quitarnos" lo que nos corresponde, en cierto modo, a causa del misterio de nuestra libertad, se ve imposibilitado de amarnos y hacernos sus herederos.
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    Publicado en Ideas para hoy

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