Jueves, 21 Febrero 2013 00:00

Jueves I de Cuaresma

Lecturas: Es 14,1.3-5.12-14; Sal 137; Mt 7,7-12

La oración en tres tiempos

Captación

Estas palabras de Jesús nos hablan de una cierta "infalibilidad" de la oración. Sus palabras son muy directas: "quien pide recibe". Pero en la vida diaria descubrimos que no es tan fácil. ¿Será que Dios en muchas ocasiones no escucha? ¿Será que las palabras de Jesús son relativas o no corresponden a la realidad? ¿O será más bien que nuestra oración no es como debe ser?

Cuerpo

Es evidente que la oración no funciona como un trámite automático. No es como comprar un producto en el supermercado. En otras circunstancias el Señor nos enseña que debemos orar con insistencia; y de hecho en este Evangelio hay una formulación que lo expresa: pedir, buscar, llamar. Es una "triple insistencia" lo que Jesús nos enseña. No es suficiente pedir una vez por alguna cosa legítima. Debemos insistir y renovar nuestras peticiones con frecuencia, pues las palabras de Jesús denotan como grados de esfuerzo y diligencia también en nuestras súplicas a Dios. Es como una parábola que se ajusta muy bien a la realidad concreta, pues "pedir" es como un primer grado de insistencia, pero "buscar" implica en cierto modo que algo está fuera de lugar y es necesaria una mayor atención y esfuerzo para encontrarlo. Pero es aún mayor el gesto de "llamar" a la puerta, pues denota mayor paciencia y perseverancia contra las dificultades que hemos encontrado en el camino, las cuales nos han llevado finalmente a "importunar a Dios" de tal modo, como el mismo Jesús nos sugiere.

Estas tres palabras: pedir, buscar, llamar, nos enseñan a no echarnos atrás ni doblegarnos ante las dificultades y la dilación en la respuesta, cuando parece que Dios "no nos escucha". También expresan un especial empeño o atención, como cuando un niño se obsesiona con obtener algún bien y lo pide a sus padres con gran insistencia hasta que lo obtiene. Pero en este caso no se trata de una insistencia caprichosa, sino de la reverente búsqueda de algo que entendemos como un bien para nosotros y para los demás.

Conclusión

Esta perseverancia de la que se habla exige de parte de nosotros una cierta disciplina en la oración. Es muy común el recurrir a Dios solamente cuando hay de por medio alguna necesidad urgente. Y precisamente es por ello que muchas veces la oración no tiene la eficacia que esperamos, pues ella implica una asiduidad y una frecuencia que no siempre se tiene. ¿Somos asiduos en la oración? ¿La oración perseverante es parte de nuestra vida diaria?

Otras Ideas

  • La primera verdad que se desprende de las palabras de Jesús en este Evangelio es que Dios ¡está presente! en la vida del hombre, aunque él muchas veces no lo vea. Con mucha frecuencia se oye decir que no se siente la acción de Dios en el mundo. Sin embargo las palabras de Jesús son muy claras. Si tenemos fe, debemos creer realmente que el Señor escucha las súplicas del hombre y responde. Si el hombre no obtiene respuestas o no "ve" a Dios, el origen de ello debemos buscarlo en el hombre mismo, en su modo de relacionarse con Dios que tal vez no es el más adecuado.
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    Publicado en Ideas para hoy

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