Miércoles, 13 Marzo 2013 00:00

Miércoles IV de Cuaresma

Lecturas: Ap 14,14-19; Sal 95; Lc 21,5-11

Escuchar, creer, obrar el bien

Captación

Puede ser que a veces, al experimentar el peso de nuestros pecados, nos desanimemos un poco pensando que nunca podremos ser como Dios quiere que seamos y que estamos condenados para siempre a la mediocridad. Sin embargo, la gran paradoja es que Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y, por lo tanto, conoce la profundidad de nuestro pecado, nos renueva su confianza y nos llama nada menos que a la vida de comunión con Él. ¿Cómo es esto posible? Existe la tentación de dejar que sus palabras se conviertan en letra muerta, en algo muy bello que no se puede cumplir.

Cuerpo

Ante esto las palabras de Jesús en este Evangelio deben ser para nosotros fuente de gran esperanza. Primero nos habla de la relación de profunda unión que existe entre Él y su Padre del Cielo, pero luego nos habla a nosotros y en primer lugar afirma que "el Hijo da vida a los que quiere". Es el Señor quien nos da la vida, aquella vida que nosotros no somos capaces de obtener por nuestra cuenta; se trata, ciertamente, de la vida en el Espíritu. No la obtenemos nosotros con nuestros méritos, es Él quien nos la da. En segundo lugar afirma que "quien no honra al Hijo no honra al Padre", y con ello nos señala el camino hacia la comunión con Dios: honrar a Jesús; honrarlo con nuestra vida, con nuestras acciones. Luego agrega: "quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna". ¡Cuántas veces tenemos que volver a esta Palabra para escucharla de verdad, para no olvidarla, para no dejar que resuene en nuestros oídos como un ruido molesto! Finalmente nos señala el camino hacia la resurrección: hacer el bien. Cada uno de nosotros sabe qué significa hacer el bien en su vida concreta. No siempre lo hacemos, pero cada día es una oportunidad nueva para ello: retomar el camino del bien, de la caridad, de la pureza de intención y de acción.

Conclusión

Las promesas del Señor son muy claras, y debemos creer en ellas con toda nuestra vida. Pero también es claro lo que se espera de nosotros: escuchar su Palabra y creer en ella, "tomarla en serio", como la cosa más importante de nuestra existencia. Y luego, hacer el bien, buscar el bien, para que a través de nuestra acción se manifiesta el amor de Dios hacia el hombre.

 
Publicado en Ideas para hoy

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