Viernes, 25 Abril 2014 00:00

Viernes I de Pascua

Lecturas: Hch 4,1-12; Sal 117; Jn 21,1-14

Ser cristiano es ser signo de contradicción

Captación

La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos pone, inmediatamente luego de la Pascua, ante el panorama dramático y sorprendente de la persecusión terrible que sufrieron los cristianos en los primeros siglos de la Iglesia. Vemos a Juan y a Pedro ser llevados a un tribunal por anunciar públicamente la salvación de Jesucristo.

Cuerpo

Pero este panorama está muy lejos de ser un hecho coyuntural o accidental al cristianismo, o algo que vivió la Iglesia en el pasado. ¿No dijo el Señor a sus apóstoles "yo les envío como ovejas en medio de lobos"? La persecusión viene con el ser cristianos. En todos los siglos, como hoy, en muchos lugares de la tierra los cristianos sufren persecusión. Hay persecusiones sangrientas, como las que están sucediendo en la India y en el cercano oriente en el presente, y hay persecusiones "cotidianas", las que sufre inexorablemente cualquiera que se empeñe en amar a Dios y vivir su fe seriamente. Sin embargo, no todos son capaces de resistir los embates del mundo y su cultura de muerte, enemiga de Dios. Hay muchos quienes, debilitados en su fe, espiritualmente "desnutridos", ceden ante sus insinuaciones y tentaciones, y van asumiento como regla de vida y modo de pensar aquellos mundanos. La fe cristiana termina siendo para ellos un escándalo, o cuando menos una "exageración" [hace poco, en la Misa de canonización de José de Anchieta, el Papa Francisco hablaba de "la tentación de refugiarse en el escepticismo, en el "no exageremos"]; la idea de ser perseguido de algún modo o ser rechazado por su entorno a causa de la religión les repele tanto que prefieren ir cediendo espacios, reduciendo cada vez más su relación con Dios al ámbito extrictamente íntimo y personal. Pero es imposible de hacer sin al mismo tiempo comprometer esa relación en otros espacios de su vida personal.

Conclusión

¿Cuál es la respuesta? El Señor nos la da en el Evangelio. Él mismo nos envía diciéndonos "echad las redes a la derecha". La relación personal con Él lleva necesariamente al testimonio y al anuncio. En las lecturas de hoy está presente este binomo que nosotros debemos asumir como "regla" de comportamiento: oración y apostolado. Estas cosas van juntas.[El Papa Fracisco ha repetido varias veces que "la Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción". Quien se deja atraer por Jesús, siente la necesidad irremediable de comunicarlo a otros, para que a su vez se sientan atraídos por él.]

 
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Sábado, 08 Junio 2013 13:45

Mi hermano sufre, mi hermana sufre

«Nosotros, cuando pensamos en esta gente que sufre tanto, pensamos como si fuera un caso de moral, también en las ideas, ‘pero en este caso…, este caso...’, ¿o también pensamos con nuestro corazón, con nuestra carne? A mí no me gusta cuando se habla de estas situaciones de manera tan académica y no humana, a veces con las estadísticas... sino sólo allí. En la Iglesia hay tantas personas en esta situación... Rezar por ellos. Ellos deben entrar en mi corazón, ellos deben ser una inquietud para mí: mi hermano sufre, mi hermana sufre.»

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Jueves, 18 Abril 2013 00:00

Jueves III de Pascua

Lecturas: Hch 8,26-40; Sal 65; Jn 6,44-51

El camino para conocer a Dios

Captación

Alguna vez se escuchó decir a una persona: "si yo viera a Jesús de carne y hueso, como lo vieron sus apóstoles, de hecho me convertiría". Pero una gran ingenuidad se esconde detrás de esta afirmación. El verdadero conocimiento de Jesús no es el que se produce con la vista humana o con el contacto físico. De hecho, muchos en los tiempos de Jesús, lo vieron, lo escucharon y lo tocaron, y no se convirtieron, siguieron obstinados en juzgarlo y rechazarlo. ¿Dónde está entonces el verdadero conocimiento del Señor?

Cuerpo

Él mismo nos da una clave en este Evangelio: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Hay una fuerza de atracción que lleva a Cristo, que no está dictada ni por nuestros sentidos ni por nuestro grado de comprensión teológico. Hay una fuerza que viene de Dios, el Espíritu Santo, que nos conduce a Cristo y abre nuestros ojos al conocimiento de su persona, que no es un conocimiento meramente intelectual, sino también experiencial y de contacto humano, personal.

El hecho de no ver a Jesús, de no poder tocarlo, puede llevarnos muchas veces al desánimo, pensando que adoramos a un Dios lejano al que no podemos acceder sino de manera indirecta o analógica. Sin embargo, por el testimonio de muchos santos y personas de vida espiritual profunda sabemos que podemos encontrarnos verdaderamente con Jesús y que podemos concerlos, y que ese encuentro es tanto o más real que aquel que podemos tener con una persona de carne y hueso, pero se realiza no tanto por nuestros sentidos, sino a través de la vida espiritual, gracias a esa fuerza atractiva que viene de Dios y nos conduce a Jesús. La única manera de experimentarlo es viviéndolo y buscándolo a través de la oración y de una vida sacramental intensa.

Conclusión

Lo primero que tenemos que preguntarnos es cómo está nuestra vida de oración. Muchas veces puede haber en nosotros una actitud de sospecha hacia la práctica de la oración, pensando que es una pérdida de tiempo o que no produce resultados reales. Es cierto que muchas veces los resultados no son inmediatos, pero quien persevera en la práctica de la oración, tarde o temprano se encuentra con Dios, y ese encuentro, cuando se produce, es algo que puede cambiar radicalmente nuestra existencia.

 
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Jueves, 21 Febrero 2013 00:00

Jueves I de Cuaresma

Lecturas: Es 14,1.3-5.12-14; Sal 137; Mt 7,7-12

La oración en tres tiempos

Captación

Estas palabras de Jesús nos hablan de una cierta "infalibilidad" de la oración. Sus palabras son muy directas: "quien pide recibe". Pero en la vida diaria descubrimos que no es tan fácil. ¿Será que Dios en muchas ocasiones no escucha? ¿Será que las palabras de Jesús son relativas o no corresponden a la realidad? ¿O será más bien que nuestra oración no es como debe ser?

Cuerpo

Es evidente que la oración no funciona como un trámite automático. No es como comprar un producto en el supermercado. En otras circunstancias el Señor nos enseña que debemos orar con insistencia; y de hecho en este Evangelio hay una formulación que lo expresa: pedir, buscar, llamar. Es una "triple insistencia" lo que Jesús nos enseña. No es suficiente pedir una vez por alguna cosa legítima. Debemos insistir y renovar nuestras peticiones con frecuencia, pues las palabras de Jesús denotan como grados de esfuerzo y diligencia también en nuestras súplicas a Dios. Es como una parábola que se ajusta muy bien a la realidad concreta, pues "pedir" es como un primer grado de insistencia, pero "buscar" implica en cierto modo que algo está fuera de lugar y es necesaria una mayor atención y esfuerzo para encontrarlo. Pero es aún mayor el gesto de "llamar" a la puerta, pues denota mayor paciencia y perseverancia contra las dificultades que hemos encontrado en el camino, las cuales nos han llevado finalmente a "importunar a Dios" de tal modo, como el mismo Jesús nos sugiere.

Estas tres palabras: pedir, buscar, llamar, nos enseñan a no echarnos atrás ni doblegarnos ante las dificultades y la dilación en la respuesta, cuando parece que Dios "no nos escucha". También expresan un especial empeño o atención, como cuando un niño se obsesiona con obtener algún bien y lo pide a sus padres con gran insistencia hasta que lo obtiene. Pero en este caso no se trata de una insistencia caprichosa, sino de la reverente búsqueda de algo que entendemos como un bien para nosotros y para los demás.

Conclusión

Esta perseverancia de la que se habla exige de parte de nosotros una cierta disciplina en la oración. Es muy común el recurrir a Dios solamente cuando hay de por medio alguna necesidad urgente. Y precisamente es por ello que muchas veces la oración no tiene la eficacia que esperamos, pues ella implica una asiduidad y una frecuencia que no siempre se tiene. ¿Somos asiduos en la oración? ¿La oración perseverante es parte de nuestra vida diaria?

Otras Ideas

  • La primera verdad que se desprende de las palabras de Jesús en este Evangelio es que Dios ¡está presente! en la vida del hombre, aunque él muchas veces no lo vea. Con mucha frecuencia se oye decir que no se siente la acción de Dios en el mundo. Sin embargo las palabras de Jesús son muy claras. Si tenemos fe, debemos creer realmente que el Señor escucha las súplicas del hombre y responde. Si el hombre no obtiene respuestas o no "ve" a Dios, el origen de ello debemos buscarlo en el hombre mismo, en su modo de relacionarse con Dios que tal vez no es el más adecuado.
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    Martes, 19 Febrero 2013 00:00

    Martes I de Cuaresma

    Lecturas: Is 55,10-11; Sal 33; Mt 6,7-15

    Verdadera oración y no palabrería

    Captación

    Lo que Jesús critica en estos versículos no es tanto el uso de la palabra cuanto la "palabrería". Tampoco critica el uso de fórmulas para la oración, pues el Padre Nuestro es, en cierto modo, una formula que el mismo Jesús nos indica que debemos repetir. ¿Cuál es entonces el verdadero sentido de estas advertencias del Señor en relación con la oración? Tratemos de comprenderlo.

    Cuerpo

    Estas palabras de Jesús nos colocan rápidamente ante la necesidad de examinarnos, preguntándonos ¿cómo es nuestra oración? Existen muchos vicios por los que la oración puede convertirse en mera "palabrería". Uno es el peligro de convertir la oración en una especie de "magia"; es lo que está detrás de la práctica de los gentiles que Jesús señala: creen que serán escuchados a fuerza de repetir palabras, como si Dios de alguna manera pudiera ser "forzado" a escuchar y responder. Pero la oración no es mágia, es más bien un diálogo en el que el Padre verdaderamente escucha la oración de sus hijos y responde como mejor nos conviene. Otro peligro de la oración es "hablarse a uno mismo" y no a Dios. ¿Cuántas veces creemos que estamos rezando, cuando en realidad estámos encerrados y un tanto sumergidos en nuestros propios pensamientos? ¡Y no estamos hablando de la simple distracción!, sino de esa "oración" que en realidad es monólogo, en la que expresamos no tanto nuestra disposición a que se realice en nosotros la voluntad de Dios, sino nuestro deseo de que Dios cumpla lo que queremos sin darle otra posibilidad. Y mencionemos un último peligro de la oración, que es cuando no rezamos sino "recitamos", repetimos de manera mecánica o automática una serie de fórmulas mientras estamos con la cabeza puesta en otros intereses o pensamientos.

    En realidad, el problema no está tanto en el modo que usamos para rezar o en el uso de la palabra, sino en nuestra disposición interior. Cuando no hay verdadera disposición interior, cuando no hay escucha, cuando no hay en nosotros una actitud de docilidad a la voz de Dios, entonces se da lugar a la palabrería.

    Conclusión

    Hoy el Señor nos invita a rezar, y a rezar bien. ¿Cuánto rezamos? es la primera pregunta. Y luego, ¿cómo es nuestra oración? Una de las razones por la que mucha gente simplemente no reza, o ha abandonado la práctica de la oración es porque no tiene confianza en ella, en sus frutos. ¿Será que ha puesto a Dios en jaque? Pretendía que responda de un modo determinado y, como no lo ha hecho, la conclusión es que "la oración no sirve". ¿Será esto realmente así?

    Otras Ideas

  • Lo que expresa la oración del Padre Nuestro es que verdaderamente hemos sido hechos hijos del mismo Padre en Jesús. Pero lo que nosotros no podemos expresar de esa relación filial, lo decimos con las palabras del mismo Jesús. Sómos hijos por medio de Él. Somos hijos en el Hijo.
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    Viernes, 01 Febrero 2013 00:00

    Viernes IV del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Hb 10,32-39; Sal 36; Mc 4,26-34

    El valor de lo invisible

    Captación

    Lo que queda muy claro de estas dos parábolas es que el Reino de los Cielos que Jesús trajo, crece sin que nosotros lo sepamos. No se manifiesta, por lo tanto, de manera tan evidente o portentosa. "Crece en medio de la noche". Efectivamente, vemos el mal que hay en el mundo y con todo lo que sucede, nos preguntamos ¿dónde está Dios? ¿dónde está su Reino?

    Cuerpo

    Precisamente, las parábolas que hoy nos propone el Evangelio vienen a responder a estas preguntas. El Reino de Dios crece de una manera, en cierto modo, invisible. No es la única vez que Jesús utiliza esta imagen de la semilla. La utiliza también en la parábola del sembrador, en la cual, la "tierra" nos representa a nosotros, y la semilla es la Palabra de Dios depositada en nuestro corazón. Esta analogía nos lleva a la conclusión de que el Reino de Dios no "crece" como algo externo a nuestra realidad personal, o independientemente de la vida del hombre, porque Jesús se vale de la libertad de los hombres para extender su reinado en el mundo. Por lo tanto, esa "invisibilidad" del Reino que describe Jesús, se produce también en nuestra propia vida espiritual. Muchas veces desconfiamos de la vida espiritual porque no vemos los resultados; esperamos una eficacia mayor según nuestros términos, o en todo caso pretendemos de Dios una serie de resultados y nos desanimamos cuando no los vemos. Esta es la reazón por la que tanta gente simplemente no cree en la vida espiritual. A los ojos del mundo, la oración no es útil, no sirve para nada. Desde la visión de Dios, en cambio, ella va trasnformando la vida del hombre casi sin que éste se de cuenta, el Espíritu poco a poco lo va santificando. La oración "sí sirve" y "es eficaz", tremendamente eficaz. Transforma nuestra realidad dándonos un significado grande y profundamente satisfactorio, nos conecta con nuestro "yo" verdadero y con el origen de nuestra existencia, que es Dios mismo. Pero hay que decir que su acción no es totalmente invisible. A los ojos del mundo, sí que lo es, porque no comprende su naturaleza, le es totalmente ajena, pues está volcado a lo material, a lo que produce un efecto sensible y visible. En cambio, quien inicia el camino de la vida espiritual, rápidamente comienza a percibir su eficacia transformate; nos abre ventanas allí donde antes había un muro impenetrable. Efectivamente, el Reino de Dios crece de manera invisible, pero se hace visible a través de nuestra propia vida, que está llamada a hacerse reflejo de la presencia de Dios.

    Conclusión

    Una pregunta que podemos hacernos es: ¿confío verdaderamente en el poder de la oración y en la acción "invisible" del Espíritu del Señor que me transforma? ¿Contribuyo a la "extensión del Reino" con mi propia vida espiritual y mi oración? La vida espiritual no muestra su verdadera eficacia mientras no se practica con perseverancia. Pero quien persevera, tarde o temprano experimenta de una manera muy palpable y muy clara su verdadera fuerza.

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    Sábado, 27 Octubre 2012 14:21

    Domingo XXX TO (B) [Daum]

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    Sábado, 27 Octubre 2012 13:58

    Domingo XXX TO (B) [Alvarado]

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