Martes, 03 Septiembre 2013 09:42

¡Que quede bien claro!

¡Que quede bien claro! No es solamente un asunto de retórica, es principalmente un asunto espiritual. Este artículo tiene la finalidad de aclarar cuál es el principio que anima el "arte de predicar". Un lector nos envió un mensaje en el que afirmaba que "aunque es elogioso el esfuerzo por enseñar el arte de comunicar y de hablar en público, una página como esta debería promover más la preparación de homilías con buen contenido y que verdaderamente sean portadoras del Evangelio, en lugar de concentrarse tanto sobre cuestiones prácticas o de forma".

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[Reproducimos aquí un estracto de la obra "Lo que debe saber el orador", de Aureliano Abenza (1913)] Se plantea la diferencia entre los temas referidos en el título. Muy recomendable.]

Si la oratoria es le arte de emplear el pensamiento y la palabra hablada para conseguir el convencimiento y la persuasión, no necesita estar en oposición con la estética, antes al contrario ésta podrá ser un elemento auxiliar de primer orden. Lo bello atrae, lo feo repuna, y un discurso bello se atrae el ánimo y lleva a la persuasión o prepara para ella.

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