Sábado, 15 Junio 2013 08:30

Domingo TO XI (C) [Alvarado]

Publicado en Materiales
Domingo, 10 Marzo 2013 00:00

Domingo IV de Cuaresma (C)

Lecturas: Jos 5,9a.10-12; Sal 33; 2Cor 5,17-21; Lc 15,1-3.11-32

¿El hijo pródigo o el Padre pródigo?

Captación

La prodigalidad es la liberalidad en el dar, es el deroche; es pródigo quien da sin pensar en el futuro y sin ningún tipo de cálculo. Así que este Evangelio, llamado del hijo pródigo, podría también ser llamado del "Padre pródigo". El hijo derrocha sus dones y la riqueza que le ha sido encargada en administración: su prodigalidad es irresponsable y egoista. El Padre, en cambio, es pródigo en perdón y misericordia, y la da sin esperar nada a cambio y pensando sólo en el bien ajeno: su prodigalidad es de una generosidad sin precedentes.

Cuerpo

El gran pecado del hijo pródigo no está en el deseo de disfrutar los dones que le pertenecen, tampoco en el deseo de libertad o de felicidad. Su falta está en pretender obtener todo esto dándole la espalda a su Padre. El Padre, en esta parábola, aparece desde el principio "prodigo" en todas sus actitudes. No trata de frenar a su hijo o de reprimirlo; le da lo que le pide, lo ama incondicionalmente y finalmente está dispuesto a perdonar sus graves pecados sin ningún tipo de reproche o de condicionamientos. Su generosidad es absoluta porque está cimentada en un amor absoluto. El hijo, en cambio, hace un mal uso de todos lo que le da el Padre. En cierto modo "se aprovecha" de su generosidad. El hijo es pródigo en su egoismo y en su afán de obtener su felicidad independizándose de su Padre.

Conclusión

¿No es esta la dinámica que se produce con nosotros, cada vez que pecados? ¡Ciertamente! El pecado es el intento de obtener una felicidad de espaldas a Dios; creemos ver el bien en el mal, y vamos tras él. Somos también nosotros pródigos en el mal uso que hacemos de los bienes del Señor. La buena noticia es que Él siempre nos espera y está dispuesto a admitirnos nuevamente en su casa sin condicionamientos.

Otras Ideas

  • El hijo pródigo puede ser para nosotros ejemplar en dos sentidos contrapuestos. Es, en primer lugar, un buen ejemplo del "típico pecador". La parábola reproduce a la perfección la dinámica del pecado y sus consencuencias: afán de auto-suficiencia y prescidencia de Dios; búsqueda personal egosista; libertinaje; soledad, frustración, etc. Pero puede ser también ejemplo de un "buen penitente". ¿En qué consiste la verdadera penitenacia? Consiste en el arrepentimiento; sentir el peso de la propia culpa sin justificaciones; asumir la responsabilidad del propio pecado sin escudarse en los demás o en el ambiente; el propósito de "volver" y someterse nuevamente a la autoridad de Dios.
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    Viernes, 22 Febrero 2013 22:29

    Domingo II CUA (C) [Alvarado]

     
    Publicado en Materiales
    Viernes, 15 Febrero 2013 00:00

    Viernes después de Ceniza

    Lecturas: Is 58,1-9a; Sal 50; Lc 9,14-15

    El verdadero sentido del ayuno cristiano

    Captación

    A simple vista el reclamo de los fariseos parece justo. ¿Porqué los discípulos incumplen con una ley o práctica religiosa que las personas observantes practican diligentemente? En este caso concreto se podría interpretar que Jesús pasa por encima de la Ley. ¿Cómo interpretar la aparente "permisividad" de Jesús frente a sus discípulos y la respuesta dada a los fariseos?

    Cuerpo

    Lo primero es recordar la crítica que Jesús hace en muchas ocasiones a los maestros de la Ley, de ese excesivo apego a las prácticas formales unido a una tremenda falta de apego a la caridad y a una espiritualidad más interior. En ocasiones los acusa con palabras durísimas de ser "hipócritas" y de cargar sobre las espaldas de otros pesos que ellos mismos no están dispuestos a llevar. Parte de ese formalismo extremo se puede deducir del cuestionamiento que hacen estos hombres al comportamiento de los discípulos de Cristo. Ellos parecen olvidar que no está hecho el hombre para el sábado sino exactamente al contrario. Pero, sobre todo, parecen olvidar el verdadero sentido del ayuno. El apego a la letra les ha llevado a reducir la religión a ella, convirtiéndola paradójicamente en letra muerta.

    De todos modos, la respuesta de Jesús es un tanto enigmática. Nosotros, a la luz de los hechos posteriores, podemos comprender que el Señor está haciendo referencia a su propia pasión y a su sacrificio en la Cruz. Su presencia entre los apóstoles, en cambio, es como un preludio de su presencia permanente ahora, luego de haber sufrido y resucitado.

    Conclusión

    Estos dos "estadios" de nuestra relación con Cristo los vivimos nosotros cada año de manera variable en la liturgia de la Iglesia. Hay momentos de ayuno, en los que acentuamos el aspecto penitencial de la existencia y miramos hacia el futuro, hacia aquella plenitud que todavía no poseemos pero que nos ha sido prometida; y vemos que necesitamos convertirnos. Pero al mismo tiempo celebramos la Pascua y compartimos el alimento como hermanos, en señal de alegría por la presencia de Jesús que prometió estar con nosotros "hasta el fin de los tiempos", y porque la vida cristiana es también un preludio de la vida eterna de la que somos herederos.

     
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