Lunes, 27 Julio 2015 00:00

Lunes XVII del Tiempo Ordinario 2015

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Lunes, 23 Marzo 2015 00:00

Lunes V de Cuaresma 2015

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Jueves, 18 Septiembre 2014 00:00

Jueves XXIV del Tiempo Ordinario 2014

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Miércoles, 13 Marzo 2013 00:00

Domingo V de Cuaresma (C) [Villapizzone]

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Sábado, 09 Marzo 2013 00:00

Sábado III de Cuaresma

Lecturas: Os 6,1-6; Sal 50; Lc 18,9-14

La seguridad del pecador

Captación

Esta parábola de Jesús es bastante clara en cuanto a lo que quiere mostrar. La arrogancia del fariseo frente a la contrición del pecador. Detrás de la aparente pulcritud y rectitud puede esconderse una gran soberbia. El Señor nos enseña que la clave para ganar el favor de Dios es la humildad y el reconocimiento sereno de nuestra condición de pecadores.

Cuerpo

Pero hay algunos detalles importantes en esta parábola. Ella está dirigida a algunos que "teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás". El problama aquí no está tanto en sentirse seguro de uno mismo, lo que es algo deseable y es el principio de la libertad para poder actuar; el problema está en dónde ponemos nuestra seguridad. Aquí se trata, precisamente, de una falsa seguridad, una que se apoya no supuestos méritos y en la creencia de ser superiores a los demás, lo que es completamente falso. Es, por tanto, una seguridad ilusoria. El publicano, en cambio, se apoya sólo en la misericordia de Dios y se confía a ella al no tener ningún mérito propio sino el de ser un publicano, es decir un pecador. Al no tener nada propio de lo cual gloriarse, su seguridad entera está en el perdón de Dios, y ve que la única manera de obtener ese perdón, es arrepentirse y reconocerse necesitado de Él. Lo curioso es que el fariseo es, supuestamente, un hombre religioso, cumplidor de la ley. Pero aparentemente eso no basta. La religiosidad llena de soberbia es contraria a la naturaleza de Dios.

Conclusión

La enseñanza de esta parábola nos coloca frente a una pregunta esencial: ¿dónde ponemos nuestra seguridad? ¿En qué o en quién se apoya nuestra vida? El sentido de contrición y la conciencia de que somos pecadores y de que necesitamos del perdón de Dios es una condición esencial para poder obtener sus dondes y no caer en la trampa de la autosuficiencia.

Otras Ideas

  • El publicano salió "justificado". ¿Qué significa esto? El significado más directo y literal de esta expresión, es ser que alguien es declarado "inocente", libre de culpa. Pero, ¿puede alguien estar libre de culpa? Ciertamente, no. Sin embargo, precisamente eso es lo sorprendente del perdón divino. El perdón de Dios verdaderamente nos hace justos. No es como el perdón humano, que es siempre parcial. El perdón de Dios, cuando hay verdaderamente arrepentiemiento y propósito de enmienda, nos "justifica", nos hace inocentes ante Él. Es un perdón absoluto.
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    Martes, 05 Marzo 2013 00:00

    Martes III de Cuaresma

    Lecturas: Dn 3,25.34-43; Sal 24; Mt 18,21-35

    Perdonar y recibir el perdón

    Captación

    Es una frase muy dura la que acabamos de escuchar: "Lo mismo hará con vosotros mi Padre del Cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano". El Señor parece decir que si no somos capaces de perdonar a los hermanos, entonces Dios, en represalia, no nos perdonará a nosotros y nos castigará entregándonos a los verdugos. Más aún, parece contradecirse, pues primero enseña que debemos perdonar 70 veces 7, que es un modo de decir que debemos perdonar sin límites, y luego pone el ejemplo de un amo que primero perdona y luego, en lugar de perdonar, castiga.

    Cuerpo

    Debemos de tratar de comprender adónde apunta la enseñanza de Jesús en esta parábola. Y lo primero es que no se trata tanto de la ley del taleón aplicada al perdón -si perdonas te perdono; si no perdonas no te perdono-, cuanto de la imposibilidad real de que alguien que no sabe perdonar a sus semejantes sea capaz de acoger el perdón. El perdón es una decisión unilateral en quien decide perdonar, independientemente del efecto que eso tenga en la persona perdonada. Pero sólo quien ha vivido en carne propia la experiencia de ser perdonado y ha acogido con humildad ese don gratuito, sabrá a su vez comunicarlo a otros. En el fondo, acoger el perdón y perdonar forman parte de la misma realidad en cada persona. En la parábola del Evangelio, el final trágico del siervo llamado "malvado" no simboliza tanto el castigo divino duro e inapelable para quien no perdona, sino la consecuencia triste a la que conduce el negarse a perdonar. Sólo quien se sabe perdonado, puede perdonar.

    Hay personas que no sienten con fuerza el perdón de Dios porque creen que son buenas y que no comenten faltas graves y, por lo tanto, no tienen mucho de qué ser perdonadas. Y muchas veces esas mismas personas son duras con los demás y con facilidad juzgan las intenciones ajenas y andan condenando los pecados y las faltas del prójimo.

    Conclusión

    Ante esta realidad debemos hacer examen de conciencia sobre dos puntos muy concretos: ¿cuánto me siento perdonado por Dios? ¿Cuánto valoro en mi propia vida ese don gratuito de Dios? Y luego, la respuesta a esta pregunta podemos encontrarla reflexionando sobre mi propia capacidad de perdonar a los demás. ¿Qué tanto abrigo en mi corazón rencores, rabia contra los demás, deseos de venganza, tal vez en cosas minúsculas, etc?

     
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