Miércoles, 20 Febrero 2013 00:00

Miércoles I de Cuaresma

Lecturas: Jo 3,1-10; Sal 50; Lc 11,29-32

No se nos dará otro signo

Captación

La palabra "perverso", puede significar algo o alguien sumamente malo, que hace daño intencionalmente. Pero puede significar algo o alguien que corrompe las costumbres o el estado habitual de las cosas. Ateniéndonos a estos significados, vemos que las palabras de Jesús son muy duras. ¿En qué consiste la "perversión" de esa generación a la que el Señor habla? Consiste en pedir signos, lo que entraña en primer lugar una desconfianza frente a Dios, quien ya se ha manifestado al hombre de muchos modos, y en segundo lugar una cerrazón o ceguera a ver la obra de Cristo. Pretenden que Dios se manifieste, pero que lo haga no según el modo de Dios, sino según su modo humano y según sus condiciones.

Cuerpo

Esta es una de las más grandes tentaciones de la humanidad en nuestros días. Como Dios no actúan según nuestros intereses, entonces lo eliminamos, o en todo caso construimos un compromiso religioso a nuestra medida, según nuestra idea de lo que Dios debe ser o de lo que debe ser su acción. En esta pretención no hay actitud de escucha, no hay disposción para acoger las manifestaciones de Dios. Quien "construye" su propio dios se hace a sí mismo incapaz de conocer al verdadero, que tal vez es muy distante a las propias ideas o expectativas.

Es por esto que Jesús dice: "no les será dado ningún otro signo". No es tanto una reacción de castigo a su incredulidad, cuanto una cierta "imposibilidad" de Jesús de poder actuar en favor de la gente. Quien ya cerró su corazón a la verdad, no está abierto a ningún signo.

Además es muy interesante el ejemplo de Jonás citado por Jesús, porque el testimonio de Jonás consistió en recorrer la ciudad de los ninivitas invocando el arrepentimiento, y fue suficiente para que la gente se convirtiera y Dios desistiera de cumplir con el castigo que merecían sus habitantes a causa de su rebeldía. Así que el problema no está tanto en "los signos", sino en la misma capacidad del hombre de escuchar su conciencia y abrir su corazón a Dios reconociendo la verdad.

Conclusión

Quién alberga prejuicios e ideas preconcebidas acerca de Dios en su corazón, no puede verlo ni escucharlo. Quien se aferra a su propia idea de la religión o de la relación con Dios y no escucha a la Iglesia, cae facilmente en el subjetivismo que conduce al auto-engaño. ¿No hemos recibido ya suficientes signos del amor de Dios? ¿Por qué seguimos dilatando nuestra conversión?

Otras Ideas

  • Esto de "buscar signos" es algo muy propio de la naturaleza humana. Pero no pocas veces, detrás de ese afán se esconde la incredulidad y la desconfianza de Dios. En realidad, para quien no confia los signos serán siempre insuficientes. Además, el andar pidiendo a Dios que "se muestre", o que cumpla con esto o aquello puede esconder un deseo de controlar a Dios y controlar su acción.
  • Ver también: Lunes XXVIII del T.O.

     
    Publicado en Ideas para hoy
    Lunes, 15 Octubre 2012 00:00

    Lunes XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Gal 4,22-24.26-27.31-5,1; Sal 112; Lc 11,29-32

    Una generación perversa

    Captación

    ¿Acaso no podríamos afirmar exactamente lo mismo en referencia a la cultura actual? Vivimos en una cultura perversa. Nuestra generación es una generación perversa. ¿Es esto una exageración? El Papa Benedicto XVI ha hecho en varias ocasiones referencia a la actual cultura del relativismo, en cuanto fuerza pervasiva y destructiva de todo principio permanente y de todo valor moral. Sí, este relativismo es más perverso que las mismas trasgresiones morales que puede cometer el hombre, porque contamina y envenena el alma de las personas y destruye todo lo que puede ser fundamento de la fe y de las virtudes humanas verdaderas.

    Cuerpo

    En su viaje a Alemania en el 2011 el Papa afirmó que vivimos en un tiempo caracterizado por el relativismo [Aquí está el discurso completo.], un relativismo subliminal que penentra en todos los ámbitos de la vida y en muchos casos es militante y agresivo contra las personas que afirman conocer la verdad y el sentido de la vida. Este relativismo influencia directamente a la sociedad y a las relaciones humanas y las pervierte. El Señor, con estas palabras, hace referencia a esa terca disposición del corazón humano que tiene el corazón cerrado a la palabra de Dios. De estos ha habido siempre y siempre los habrá. La necedad y la dureza interior busca siempre "signos" para estar convencido, pero al estar nublado su entendimiento a causa del pecado y de la rebeldía frente a Dios, es incapaz de ver los signos que Dios, en su infinita misericordia, ofrece al hombre como muestra de su amor y de su compromiso con él. El primero de esos signos es la resurrección de Cristo, pero sólo puede descubrir su verdad y sus significado para la propia vida quien se abre al mensaje de la fe. Dios habla al hombre de todas las generaciones, pero el hombre, con la duda sistemática del relativismo sembrada en su corazón, y con esa disposición defensiva y rebelde frente a cualquier cosa que signifique ir más allá de los sentidos, ¿será capaz de escucharlo?

    Conclusión

    Hasta aquí parece que el mensaje no se dirige a nosotros, quienes sí tenemos fe y estamos aquí precisamente para celebrar la Resurrección de Cristo. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Estamos realmente convertidos al Evangelio? ¡Cuántas veces el relativismo se apodera también de nuestros pensamientos y sentimientos! ¡Cuántas veces también nosotros ponemos en duda verdades fundamentales y las volvemos "relativas"! ¡Cuántas veces creemos que podemos ser de Cristo y al mismo tiempo no ser obedientes con su Iglesia! Todo esto también nos afecta a nosotros, y por ello somos también nosotros objeto de ese juicio del que Jesús habla. Él nos invita hoy a la conversión. No seamos condescendientes con el relativismo de hoy, no pervirtamos la verdad.

    Publicado en Ideas para hoy

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