Martes, 30 Septiembre 2014 00:00

Martes XXVI del Tiempo Ordinario 2014

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En estos días, al hablar con una persona que hace voluntariado en una escuela para niños con discapacidad física, ésta me pidió un consejo: ¿Cómo decirle a alguien que está sufriendo que Dios lo ama? ¡Tremenda pregunta! No es algo para tomar a la ligera o responder con una fórmula. La realidad del sufrimiento toca a todos, pero a algunos de una manera más dramática y, en muchos casos, permanente.

Ya que yo mismo tuve algunas experiencias pastorales en ese colegio y el contacto con el sufrimiento es parte de la vida del sacerdote, dediqué un tiempo a ensayar posibles respuestas. Algunas de ellas no son tanto respuestas directas a la pregunta cuanto criterios que debemos tomar en cuenta para que nuestras respuestas no sean una fórmula aprendida o un lugar común, sino un mensaje humano y convincente, y al mismo tiempo reflejen de la mejor manera posible la verdad acerca de esta realidad, tal como la predicó Jesús y la entiende la Iglesia.

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Viernes, 22 Marzo 2013 00:00

Viernes V de Cuaresma

Lecturas: Jr 20,10-13; Sal 17; Jn 10,31-42

El problema de la ceguera y la sordera

Captación

Tengamos algo presente en relación con este Evangelio. Aquellos que pretenden lapidar a Jesús no son "los malos". Son aquellas personas que por más de 2 mil años han esperado al Mesías; creen en Dios y tratan de cumplir los preceptos que les impone la Ley, es decir, aquellos que transmitió el mismo Dios por intermedio de Moisés. Sin embargo, son estos mismos hombres los que quieren eliminar al Mesías. ¿Porqué?

Cuerpo

La respuesta más evidente es que no creen que Jesús sea el Mesías. Pero, ¡qué es lo que les impide creer, o porqué no quieren creer? La respuesta la dan ellos mismos cuando afirman que le motivo por el cual quieren apredrear a Jesús es por su blasfemia de proclamarse Dios. Pero lo interesante es la afirmación previa de Jesús: "os he hecho ver muchas obras". Aquí hay, entonces, un problema de sordera y de ceguera. Estos judíos están sordos a la predicación de Jesús y están ciegos a sus obras. Y lo que está detrás de ello es un fuerte prejuicio, o un juicio pre-formado; tienen una idea preconcebida acerca de cómo debería ser y actuar el Mesías, e incluso de qué cosa debería decir y qué cosa no. Pero también aparecen personas sensatas en los Evangelios, entre los mismos judíos, incluso entre los maestros de la ley, algunos que tienen la libertad de cuestionar sus propios criterios y saben que el mal cae por su propio peso; son más prudentes. La pregunta de Jesús contiene una aguda ironía: ¿por cuál de sus obras quieren apedrearlo? Es una manera de poner en evidencia su incapacidad de ver la realidad que está delante de ellos. ¿Qué otras pruebas quieren?

Conclusión

¿Cuáles son nuestras ideas pre-concebidas acerca de Dios, acerca de su modo de pensar y de actuar? Un poco de ceguera y de sordera padecemos todos, cada vez que atribuimos a Dios un comportamiento que pertenece a los hombres. Hay en ello una incapacidad para creer en Él. Por ejemplo, cuando creemos que Él ama como nosotros, o perdona como nosotros, o que nos impone cargas como un jefe impone cargas a sus empleados. Y entonces viene la rebeldía y el rechazo.

 
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Viernes, 15 Marzo 2013 00:00

Viernes IV de Cuaresma

 

Lecturas: Jr 11,18-20; Sal 7; Jn 7,40-53

El prejuicio es un "juicio" injusto

Captación

Hay dos cosas en este Evangelio que invalidan completamente las opiniones emitidas por los fariseos: la descalificación y el prejuicio. Ambas se expresan claramente en las siguientes frases: "esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos" (descalificación); y "estudia y verás que de Galilea no salen profetas" (prejuicio).

Cuerpo

Ambas son vicios del recto pensar, es decir aquel pensar que proviene de la racionalidad y de la lógica, y no de ideas preconcebidas o de sentimientos de odio o de desprecio. Lamentablemente, las palabras de estos maestros de la ley están completamente envenenadas de totalitarismo e intolerancia. Quien no piensa como ellos es un maldito y más importan sus propias ideas que la verdad que se muestra ante los ojos. Ese aferramiento obstinado por parte de algunos fariseos es lo que les hace merecedores de ciertos duros calificativos de Jesús: "hipócritas", "sepulcros blanqueados", "injustos", etc.

En el Evangelio hay una clara oposición entre el sentido común y la racionalidad, representada en los guardias del templo y un fariseo, Nicodemo, y el prejuicio y la descalificación prepotente de las autoridades religiosas.

Conclusión

El prejuicio y la descalificación son actitudes equivocadas que conducen siempre al error, y pueden constituir además pecados graves cuando están motivadas por el deseo de hacer daño a la otra persona. Son vicios en los que se cae facilmente, sobre todo cuando se da rienda suelta a ciertos sentimientos negativos contra otras personas dejando que ellos tengan la primacía en el juicio.

Otras Ideas

  • Este pasaje de la Escritura es un perfecto cuadro de la sociedad que pone a Jesucristo en tela de juicio. El Señor pregunta "¿quién dice la gente que soy yo?", y aquí está la respuesta: unos, sorprendidos por sus discursos, decían que era un profeta; otros, que no podía serlo por razones puramente ideológicas o racistas; otros, en cambio, lo consideraban el Mesías.
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    Miércoles, 06 Febrero 2013 00:00

    Miércoles IV del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Hb 12,4-7.11-15; Sal 102; Mc 6,1-6

    Jesús se maravilla por nuestra falta de fe

    Captación

    En este Evangelio hay dos que "se maravillan". Primero se maravillan los que escuchan hablar a Jesús y ven sus obras. Luego se maravilla Cristo de su tremenda falta de fe, tremenda hasta el punto de no poder realizar milagros. En otras palabras, Jesús se imposibilitado de realizar su misión. ¿Es esto posible? Ciertamente lo es, y es lo que también a nosotros debe llevarnos a maravillarnos por el modo como Dios respeta la libertad del hombre y lo invita a una respuesta de asentimiento a la invitación de Dios.

    Cuerpo

    Ahora bien, eso de que "Dios invita al hombre" a algunos no les resulta cierto porque afirman: ¿porqué Dios no se manifiesta de una manera más clara? ¿Acaso esperamos que se aparezca como se apareció a sus apóstoles luego de su resurrección? Pero los que hacen este tipo de razonamiento olvidan que fueron muchos los que contemplaron las obras de Jesús y no creyeron [Judas es el arquetipo de este caso]. En el Evangelio que acabamos de escuchar sucede exactamente esto: la presencia de Jesús entre ellos pone en evidencia un sinnúmero de prejuicios [tenían una idea propía acerca de cómo debía ser el Mesías; no podía ser un hombre cualquiera, como lo era el hijo de María y de José, un conocido] y con ello se imposibilitan a sí mismos a comprender el mensaje de Jesús. Paradójicamente, son muchas veces los paganos, y no los descendientes de David, los que abrirían su corazón a la Palabra de Jesús, justamente por estar desprovistos de falsas expectativas y de pretensiones.

    Esto nos causa maravilla: que Dios requiera de la libertad del hombre hasta el punto de no poder ayudarlo si él no da su asentimiento. La respuesta a Dios tiene que ser una respuesta libre y fundada en el amor.

    Conclusión

    No estamos excluidos de esta triste comprobación del Señor. Tal vez nosotros alguna vez también le maravillamos con nuestra dureza de corazón y nuestra falta de fe; cuando pretendemos que Dios actue según nuestros parámetros y criterios personales. Somos nosotros los que queremos dictar cómo se hacen las cosas, no Dios. Y decimos: "si Dios actuara, esto o aquello no hubiera sucedido". Es una grande soberbia la que lleva al hombre a poner a Dios en tela de juicio.

    Otras Ideas

  • La cultura actual es una que sólo cree en aquello que puede "probar científicamente". Pero al mismo tiempo da por hechas muchas cosas que también son imposibles de comprobar. En realidad, la causa de la incredulidad no es la falta de pruebas, sino el prejuicio y la cerrazón. Decía C. K. Chesterton: "el que no cree en nada, termina por creer en cualquier cosa". Muy cierto.
  • Lo que causa sorpresa es que Dios omnipotente se presente como uno que tiene nada de espectacular. ¿No es eso lo que se observa en el nacimiento de Cristo? Más allá de ciertos signos portentosos presentes en toda la vida de Cristo -la estrella, el bautismo, los milagros, etc.- Él se presenta al hombre como lo que es: un hombre. ¡Dios hecho hombre! pero su manifestación espera siempre la cooperación de nuestra libertad, de otro modo no podemos recibir el don. Nos sucedería como sucede a los hombres del Evangelio: vemos a uno que no tiene nada de especial, uno "como nosotros", el hijo de Fulano.
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    Domingo, 03 Febrero 2013 00:00

    Domingo IV del Tiempo Ordinario (C)

    Lecturas: Jr 1,4-5.17-19; Sal 70; 1Cor 12,31-13,13; Lc 4,21-30

    Un cambio inexplicable

    Captación

    En este episodio narrado por los Envangelios observamos que, en pocos minutos, se da un giro radical en la percepción que tienen de Jesús los oyentes. Primero se afirma que estaban maravillados de las palabras de gracia que salía de su boca. Unos instantes después, lo arrastran fuera de la ciudad para matarlo. ¿Qué pasó?

    Cuerpo

    Lo primero que debemos preguntarnos es: ¿qué causa tanta maravilla? Y lo segundo: ¿qué tuvo que pasar para que esa maravilla inicial se desavanezca y de paso, tan rapidamente, al odio asesino? Al parecer, lo que causaba maravilla en los oyentes era toda la persona de Jesús: sus palabras, sus gestos, su forma de hablar, su sabiduría, etc. Pero sabemos que en el fondo el anuncio de Cristo tiene como finalidad sucitar la fe en Él, no solo en cuanto hombre dotado de una serie de cualidades y poderes extraordinarios, sino como Mesías ["Hoy se cumple esta palabra que acabáis de oir"]. Pero es allí donde entra la maldad del hombre: sus prejuicios, sus malas intenciones, su envida y ese mal uso de su libertad que lo lleva a aferrarse a sus propios criterios, a su propio modo de ver las cosas. Estos hombres esperaban otro tipo de Mesías y por ello se escandalizan; Jesús es un ciudadano simple como ellos, hijo de algún conocido. ¿Acaso puede ser éste el Mesías? Es así como el entusiasmo inicial, superficial y subjetivo, lejos de dar paso a una fe más profunda, se transforma en rabia y en actitudes de sospecha; ahora se trata de "eliminar el obstáculo".

    Conclusión

    El Evangelio de hoy lleva consigo un poderoso mensaje: ¿cuál es nuestra propia concepción de Jesús? Creemos en Él, pero, ¿no nos escandalizamos también nosotros cuando las cosas no salen según nuestros deseos? Es nuestra fe en Cristo una fe verdadera, o es más bien una especie de sentimiento librado a merced de nuestra convenciencia o de nuestros estados de ánimo. ¿Qué tan profunda es la comprensión que tenemos acerca de quién es Jesús?

    Otras Ideas

  • Se puede utilizar como "captatio" para una homilía, la siguiente anécdota: hace poco una persona me decía: "No es que no tenga fe o no crea en Dios, pero uno, al ver tanta maldad y sufrimiento, termina preguntándose, ¿es posible que Dios permita todo esto? Si verdaderamente existe, ¿porque permite que sucedan ciertas cosas?" En ello hay, por una parte, algo que forma parte del ser humano, que es su natural rebeldía frente al mal, sobre todo cuando se trata de un sufrimiento injusto o gratuito. Pero hay también, detrás de esta "reacción refleja", sobre todo si conlleva dudas concretas sobre la existencia de Dios o sobre su acción en la vida del hombre, una grave falta de comprensión de quién es Jesús. Y ante esa falta de comprensión unida a los propios criterios a los que se permanece aferrado, muchas veces la salida es el cinismo: una fe aparente, poco sólida, librada al vaivén de nuestro contexto y de las situaciones que nos presenta la vida. Y no pocas veces se toma la decisión, más o menos conciente, de marginar a Dios de la propia realidad presente, en cierto modo se le lleva al despeñadero y se le deja caer. ¿Podemos matar a Dios en nuestra consciencia?
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