Domingo, 19 Mayo 2013 08:10

"¿Qué es la verdad?"

¿Existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?" (Jn 18,37.38). Pilato no entiende que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud del tiempo, "se hizo carne" (Jn 1,1.14), que vino entre nosotros para que la conociéramos.

Publicado en Citas Útiles
Jueves, 04 Abril 2013 00:00

Jueves I de Pascua

Lecturas: Hch 3,11-26; Sal 8; Lc 24,35-48

¿Porqué tenemos dudas?

Captación

¿Porqué nos asustamos? ¿Porqué surgen dudas en nuestro corazón? Tal vez estas preguntas realizadas por Jesús a sus apóstoles nos las debemos poner nosotros. Como ellos, tenemos la certeza de que Jesús ha resucitado, y conocemos lo suficiente acerca de esta verdad. Pero muchas veces ella no tiene una insidencia real en todos los aspectos de nuestra vida. Tal vez no tenemos dudas sobre la existencia de Dios, pero sí sobre muchas de las cosas que exige la fe en Cristo. Sus mandamientos nos asustan, o al menos nos causan dudas.

Cuerpo

Tal vez no debemos ver estas preguntas de Jesús como un reproche dirigido a sus apóstoles. De hecho, en medio de un contexto político convulsionado y de las muchas preguntas que habrán pasado por la mente de estos hombres, era perrfectamente comprensible la confusión y las dudas. De ello, no podemos hacer cargo a los seguidores de Cristo. Pero su cuestionamiento ciertamente apunta a sacar a la luz su falta de fe, una fe todavía débil, todavía insipiente, todavía poco convencida. ¡Ese es el origen de las dudas! De hecho, quien arraiga su vida en una fe profunda, nada tema y nada le causa verdadera confusión. Pero el momento de la fe plena, habría de llegar también para los apóstoles. Uno a uno derramarán su sangre confesando a Cristo. ¿Hay una fe más grande que esta?

Así que el origen de las dudas y del miedo frente a Cristo y frente a la vida cristiana proviene de la falta de fe. Quien tiene fe, abre sus ojos a la verdad y es capaz de dar la vida por ella. Para quien no tiene fe, todo es relativo, la verdad se ve a medias, y se es fácilmente presa de la confusión y del auto-engaño. No se ve claramente la verdad y todo resulta cuestionable o poco creible.

Conclusión

¿Cuánta es nuestra fe? Tal vez somos muy prontos a cuestionarlo todo, a cuestionar a la Iglesia, a cuestionar sus enseñanzas; pero en ello estamos poniendo en cuestión al mismo Cristo. Es por eso que Él nos pregunta: ¿Porqué temes? ¿Porqué surgen dudas en tu corazón? ¿Porqué no me crees? Porque creemos que lo que poseemos nos da seguridad y felicidad, aunque ellas sean relativas o pasajeras. En otras palabras, porque no tenemos fe, o tenemos una fe muy débil, poco informada, poco ejercida. Pero el único modo de encontrar la fe es buscarla y vivirla ayudados por el testimonio de quienes ya la encontraron.

 
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Miércoles, 06 Marzo 2013 10:17

Miércoles III de Cuaresma

Lecturas: Dt 4,1.5-9; Sal 147; Mt 5,17-19

No pasará ni una letra

Captación

Hay un relativismo religioso imperante que atenta directamente contra estas palabras de Jesús. Es la ley del "supermercado religioso", contra la ley de la "Unidad de la Ley". En otras palabras, no vale tomar una parte de la ley de Dios o de los preceptos que enseña la Iglesia, y al mismo tiempo descartar otra, según el criterio personal de la conveniencia o de la comodidad. Como dice San Pablo: "todo me está permitido, pero no todo me conviene". ¿Sabe el mundo de hoy lo que le conviene?

Cuerpo

Ciertamente el mundo de hoy elige a criterio personal y subjetivo "lo que le conviene", y para él las palabras de Jesús resultan completamente escandalosas. ¿Por qué me debo ajustar a una ley externa, que se me impone? ¿Acaso la vida de por sí no nos impone muchas cosas? De las palabras de Jesús podemos deducir tres cosas esenciales: 1. Que la Ley es UNA. Es un cuerpo completo y unitario, porque eso se corresponde con la naturaleza de Dios. Es imposible eliminar una parte de esa Ley sin dañar el resto. La Ley de Dios es como el cuerpo, un organismo completo y funcionante; si se afecta una parte, el cuerpo entero sufre. 2. La Palabra de Dios es UNA. Antiguo y Nuevo Testamento encuentran su centro y su culminación en Cristo, que da unidad y solidez a la Palabra; Él mismo es la Palabra hecha carne. ¿Alguno podría afirmar que Dios se contradice al revelarse a los hombres? 3. El propósito es UNO. La finalidad de la Revelación y de la Ley es una sola: la salvación del hombre. Todas la normas religiosas y los preceptos religiosos apuntan a dar cumplimiento a la Revelación. Por lo tanto, el hombre no puede arrogarse el derecho de cambiar, como dice Jesús, ni una letra de esa Ley.

Conclusión

La Palabra de hoy nos invita a algo que se puede resumir con una palabra: coherencia. La coherencia es esa virtud que conduce a respetar la unidad de doctrina que nos ha sido donada y que nosotros no detemos derecho de cambiar. El Señor nos exige tener un mayor respeto por la Verdad, que es una y que se ha hecho persona en Él.

Otras Ideas

  • Nuestra preocupación por ser fieles a la Ley de Dios tiene mucho que ver con la exigencia de la caridad. Vivirla, implica una relación con nuestro prójimo marcada por el testimonio y el ejemplo y no por el escándalo. No debemos engañarnos pensando que no hacemos daño a nadie con nuestras incoherencias, pues aquello que vivimos es lo que reflejamos en nuestra relación Con Dios. La coherencia y la trasparencia son exigecias de la caridad. No se trata, por lo tanto, de una búsqueda individualista de virtud, sino de nuestro lugar en el Cuerpo de la Iglesia. Nuestro compromiso cristiano nos pone necesariamente de cara a nuestro prójimo, especialmente a los más pequeños y débiles.
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    Lunes, 04 Marzo 2013 00:00

    Lunes III de Cuaresma

    Lecturas: 2Re 5,1-15a; Sal 41; Lc 4,24-30

    La irracionalidad frente a Jesús

    Captación

    Lo que vivimos hoy en muchos ambientes contrarios al cristianismo y a la Iglesia es algo muy similar a lo que se dice en el Evangelio de hoy: hay frente a Jesús un rechazo irracional en el que contradictoriamente se reconoce la sabiduría de sus planteamientos y en el mismo movimiento se desacalifica esa sabiduría porque viene de muy cerca.

    Cuerpo

    ¡Cuánta irracionalidad en el mundo de hoy! ¡Cuánto relativismo! La irracionalidad consiste en la incapacidad de ver la verdad en dejar que ésta caiga por su propio peso. Consiste en dar más importancia a cuestiones de orden secundario, como el propio gusto o la propia opinión, y colocar la verdad al servicio de estos. Más aún, la irracionalidad es consecuencia de un relativismo absoluto, en el que no existe verdad alguna, sino sólo mi verdad y la verdad de los demás.

    Ahora bien, aunque quienes adherimos a la fe de la Iglesia y nos consideramos fieles a su doctrina y a sus preceptos, difícilmente podemos sentirnos aludidos por esa crítica al relativismo y a la irracionalidad contenida en las palabras del Señor, debemos pensar en alguna forma por la que estas palabras puedan estar también dirigidas a nosotros. Y es que existe una forma de irracionalidad y de relavismo más sutil, a la cual ninguno de nosotros es inmune: la incoherencia. ¡Así es! la Incoherencia es esa asincronía entre lo que creemos y lo que vivimos, entre lo que sabemos que es bueno y verdadero, y lo que actuamos en nuestra vida diaria.

    Conclusión

    No hacer un esfuerzo serio en favor de nuestra conversión y de una vida más coherente es en cierto modo, colaborar con esa honda de relativismo e irracionalidad que tiene a este mundo postrado. Se dice que "sólo los santos cambiarán el mundo". Pues podríamos definir sin ambages la santidad como la "máxima coherencia" a la que puede aspirar un cristiano: una coherencia heróica, razonable, racional y super racional, que no relativiza la verdad ni la diluye, sino que la acepta y se pone al servicio de ella.

     
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    Lunes, 15 Octubre 2012 00:00

    Lunes XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Gal 4,22-24.26-27.31-5,1; Sal 112; Lc 11,29-32

    Una generación perversa

    Captación

    ¿Acaso no podríamos afirmar exactamente lo mismo en referencia a la cultura actual? Vivimos en una cultura perversa. Nuestra generación es una generación perversa. ¿Es esto una exageración? El Papa Benedicto XVI ha hecho en varias ocasiones referencia a la actual cultura del relativismo, en cuanto fuerza pervasiva y destructiva de todo principio permanente y de todo valor moral. Sí, este relativismo es más perverso que las mismas trasgresiones morales que puede cometer el hombre, porque contamina y envenena el alma de las personas y destruye todo lo que puede ser fundamento de la fe y de las virtudes humanas verdaderas.

    Cuerpo

    En su viaje a Alemania en el 2011 el Papa afirmó que vivimos en un tiempo caracterizado por el relativismo [Aquí está el discurso completo.], un relativismo subliminal que penentra en todos los ámbitos de la vida y en muchos casos es militante y agresivo contra las personas que afirman conocer la verdad y el sentido de la vida. Este relativismo influencia directamente a la sociedad y a las relaciones humanas y las pervierte. El Señor, con estas palabras, hace referencia a esa terca disposición del corazón humano que tiene el corazón cerrado a la palabra de Dios. De estos ha habido siempre y siempre los habrá. La necedad y la dureza interior busca siempre "signos" para estar convencido, pero al estar nublado su entendimiento a causa del pecado y de la rebeldía frente a Dios, es incapaz de ver los signos que Dios, en su infinita misericordia, ofrece al hombre como muestra de su amor y de su compromiso con él. El primero de esos signos es la resurrección de Cristo, pero sólo puede descubrir su verdad y sus significado para la propia vida quien se abre al mensaje de la fe. Dios habla al hombre de todas las generaciones, pero el hombre, con la duda sistemática del relativismo sembrada en su corazón, y con esa disposición defensiva y rebelde frente a cualquier cosa que signifique ir más allá de los sentidos, ¿será capaz de escucharlo?

    Conclusión

    Hasta aquí parece que el mensaje no se dirige a nosotros, quienes sí tenemos fe y estamos aquí precisamente para celebrar la Resurrección de Cristo. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Estamos realmente convertidos al Evangelio? ¡Cuántas veces el relativismo se apodera también de nuestros pensamientos y sentimientos! ¡Cuántas veces también nosotros ponemos en duda verdades fundamentales y las volvemos "relativas"! ¡Cuántas veces creemos que podemos ser de Cristo y al mismo tiempo no ser obedientes con su Iglesia! Todo esto también nos afecta a nosotros, y por ello somos también nosotros objeto de ese juicio del que Jesús habla. Él nos invita hoy a la conversión. No seamos condescendientes con el relativismo de hoy, no pervirtamos la verdad.

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