Sábado, 20 Octubre 2012 00:00

Sábado XXVIII del Tiempo Ordinario

Lecturas: Ef 1,15-23; Sal 8; Lc 12,8-12

Confesar a Cristo

Captación

Estas palabras de Jesús nos hacen pensar que es nuestro modo de acercarnos a Él lo que determina su modo de acercarse a nosotros. Pero no se trata tanto de una dinámica de premio o castigo por el comportamiento que hayamos tenido frente a Él, sino que la salvación que el Señor nos ofrece necesariamente tiene que ser aceptada por nosotros para que tenga efecto. Si negamos a Cristo, negamos su salvación y por lo tanto nos negamos a nosotros mismos.

Cuerpo

Por el contexto es bastante evidente que aquí se habla en términos muy prácticos. Confesar a Cristo o negarlo no se refieren a momentos aislados sino a una actitud vital frente a su persona. Es nuestra vida entera, según el rumbo que toma y las decisiones que vamos realizando, la que se convierte en una negación de Cristo o una negación de su persona. No se trata tampoco simplemente de una negación o una afirmación verbal, sino existencial. Confesar a Cristo significa buscar que nuestro ser y nuestro quehacer sean acordes con el Evangelio; negarlo, por el contrario, significa elegir de manera contraria a lo que Él enseña y convertir en norma de nuestro comportamiento lo que está en desacuerdo con Él. Pero todo esto se plasma también en situaciones en las que, efectivamente, se nos pide confesar a Cristo de manera más directa y explícita, siendo signo de contradicción con nuestro entorno social o cultural. [El ejemplo más extremo de esto es el martirio; se podría decir que el martirio es la confesión "por excelencia". De hecho a aquellos que habían sufrido por causa del Evangelio pero por diversas circunstancias se habían salvado de morir, se les llamaba "confesores".] Son aquellas circunstancias que exigen de nosotros un acto de valentía y de desprendimiento, haciendo a un lado nuestra imagen personal o nuestra fama, para dar prioridad al Evangelio y a Cristo.

Conclusión

¿Es nuestra vida una continua "confesión" de la persona de Cristo y de nuestra fe en Él? Recordemos que lo confesamos no sólo cuando estamos frente a otras personas, sino que nuestra vida puede ser en sí misma una negación o una confesión del Evangelio.

 
Publicado en Ideas para hoy

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