Martes, 16 Abril 2013 00:00

Martes III de Pascua

Lecturas: Hch 7,51-8,1a; Sal 30; Jn 6,30-35

En búsqueda de "signos"

Captación

Estos hombres piden un signo. Tal vez son apropiadas para ellos aquellas palabras de Jesús: "Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás" (Mt 12,39). ¿Qué hay detrás de esta petición, que desde un punto de vista podría resultar comprensible o humana? Lo que hay es una profunda desconfianza y una velada búsqueda personal.

Cuerpo

El pedir "signos" es manifestación de una profunda inseguridad. Quien busca signos busca seguridades, algo que dé sentido a su acción o a su sistema de valores. No se trata de una búsqueda sincera del don de la fe, que se da a través del encuentro con la persona divina, sino de una búsqueda de seguridad persona tangible, material, sensorial. Por ello se le pide a Dios que se adecue a los criterios del mundo, en lugar de buscarlo a Él y buscar conocerlo. Hay en ese pedido de "signos" una búsqueda escéptica, materialista e hipócrita.

Este reclamo lo escuchamos en la sociedad actual con mucha frecuencia. La nuestra es una generación que no se cansa de pedir signos. Pero sabemos que los signos no convierten los corazones, sino el encuentro con Dios, que nos abre a la experiencia de la comunión y del amor verdadero. Esta sociedad exige, para poder creer, que la Iglesia cambie esto o aquello, que modere sus reglas, que no imponga sus mandamientos. Estos son los signos que se piden hoy. En otras palabras, se pone como condición para poder creer una religión hecha a la medida. ¿Hemos olvidado que nuestra religión no se basa en un sistema de reglas o de valores, sino en una persona?

Conclusión

Ningún cristiano está libre de esta "fiebre" escéptica, de buscar a como dé lugar que Dios "baje" a nuestro mundo y ratifique el sistema personal de valores que nos hemos construido, que de validez a nuestra religión personal. Es un riesgo que se acentua cuando se debilita la fe, cuando falta vida de oración y vida sacramental.

 
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Lunes, 11 Marzo 2013 00:00

Lunes IV de Cuaresma

Lecturas: Is 65,17-21; Sal 29; Jn 4,43-54

El dilema de la fe y los signos

Captación

Estas palabras del Señor ponen en el centro de nuestra atención el problema de la fe: ¿qué es la fe? ¿qué significa creer? Por un lado nos demuestran que hay un lazo profundo entre el acto de la fe y los signos que Dios pone al alcance del hombre. Pero por otra parte, el Señor parece decir que creer a través de los signos es una forma de fe imperfecta: "si no veis signos no creeis". Pero los seres humanos necesitamos de signos, ¿no es así? ¿Cómo podemos resolver este dilema?

Cuerpo

El problema, en realidad, no es tanto "creer en los signos", sino qué lugar damos nosotros a los signos. La gran diferencia aquí es aquella que existe entre la verdadera fe y la idolatría. El Señor Jesús no condena una fe que se sirve de los signos o que surge gracias a ellos, sino una fe que pone condición para poder creer la producción de algún signo, algo que "garantice" o "asegure" la acción de Dios: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." Estas palabras de Jesús son una crítica a la incredulidad. Y la incredulidad que va en busca de signos que garanticen su fe es pura idolatría, pues el signo se convierte en un ídolo; en ello también hay mucho de superstición. Pero, ¿qué es lo que nos pide Jesús? Él nos pide creer en su Palabra, y es ella la base sobre la cual se debe apoyar nuestra fe. Los signos seguirán existiendo, porque Dios actúa por medio de signos; el evento principal de nuestra fe cristiana, lo que le da significado, que es la resurrección de Cristo de entre los muertos, es un signo. Así que sería tonto rechazar o minusvalorar los signos. El problema está en que los signos ocupen el lugar que debe ocupar nuestra relación personal con el Señor, que es una relación basada en el amor y en la confianza. Creer en Él y creerle a Él, creer en su Palabra.

Conclusión

Tal vez todo esto resulta un poco confuso. ¿Qué debemos hacer? ¿Creer o no creer en los signos? ¿Qué tan importantes son en nuestra vida? El dilema se puede resolver de la siguiente manera: existe una fe imperfecta que busca el signo para poder creer; existe una fe inicial, buena, pero no perfecta, la que contempla el signo y cree; pero existe una fe más perfecta, aquella que cree en la Palabra, aún sin haber visto ["Porque has visto has creído, dichosos los que creen sin haber visto" (Jn 20,29)]. Así que la pregunta es si nos podemos fiar de la Palabra de Dios. Del a palabra de los hombres, muchas veces no, pero de la Palabra de Dios, quien no deja "una iota sin cumplir", ciertamente debemos creer.

 

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Miércoles, 20 Febrero 2013 00:00

Miércoles I de Cuaresma

Lecturas: Jo 3,1-10; Sal 50; Lc 11,29-32

No se nos dará otro signo

Captación

La palabra "perverso", puede significar algo o alguien sumamente malo, que hace daño intencionalmente. Pero puede significar algo o alguien que corrompe las costumbres o el estado habitual de las cosas. Ateniéndonos a estos significados, vemos que las palabras de Jesús son muy duras. ¿En qué consiste la "perversión" de esa generación a la que el Señor habla? Consiste en pedir signos, lo que entraña en primer lugar una desconfianza frente a Dios, quien ya se ha manifestado al hombre de muchos modos, y en segundo lugar una cerrazón o ceguera a ver la obra de Cristo. Pretenden que Dios se manifieste, pero que lo haga no según el modo de Dios, sino según su modo humano y según sus condiciones.

Cuerpo

Esta es una de las más grandes tentaciones de la humanidad en nuestros días. Como Dios no actúan según nuestros intereses, entonces lo eliminamos, o en todo caso construimos un compromiso religioso a nuestra medida, según nuestra idea de lo que Dios debe ser o de lo que debe ser su acción. En esta pretención no hay actitud de escucha, no hay disposción para acoger las manifestaciones de Dios. Quien "construye" su propio dios se hace a sí mismo incapaz de conocer al verdadero, que tal vez es muy distante a las propias ideas o expectativas.

Es por esto que Jesús dice: "no les será dado ningún otro signo". No es tanto una reacción de castigo a su incredulidad, cuanto una cierta "imposibilidad" de Jesús de poder actuar en favor de la gente. Quien ya cerró su corazón a la verdad, no está abierto a ningún signo.

Además es muy interesante el ejemplo de Jonás citado por Jesús, porque el testimonio de Jonás consistió en recorrer la ciudad de los ninivitas invocando el arrepentimiento, y fue suficiente para que la gente se convirtiera y Dios desistiera de cumplir con el castigo que merecían sus habitantes a causa de su rebeldía. Así que el problema no está tanto en "los signos", sino en la misma capacidad del hombre de escuchar su conciencia y abrir su corazón a Dios reconociendo la verdad.

Conclusión

Quién alberga prejuicios e ideas preconcebidas acerca de Dios en su corazón, no puede verlo ni escucharlo. Quien se aferra a su propia idea de la religión o de la relación con Dios y no escucha a la Iglesia, cae facilmente en el subjetivismo que conduce al auto-engaño. ¿No hemos recibido ya suficientes signos del amor de Dios? ¿Por qué seguimos dilatando nuestra conversión?

Otras Ideas

  • Esto de "buscar signos" es algo muy propio de la naturaleza humana. Pero no pocas veces, detrás de ese afán se esconde la incredulidad y la desconfianza de Dios. En realidad, para quien no confia los signos serán siempre insuficientes. Además, el andar pidiendo a Dios que "se muestre", o que cumpla con esto o aquello puede esconder un deseo de controlar a Dios y controlar su acción.
  • Ver también: Lunes XXVIII del T.O.

     
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