Viernes, 24 Mayo 2013 12:50

Lo dificil de las homilías 'simples'

Uno error frecuente en la homilética, como en muchos otros géneros de discurso, consiste en creer que los sermones más difíciles de lograr son aquellos que revisten la mayor complejidad argumentativa y discursiva, así como la mayor originalidad en las ideas que se presentan y las citaciones a las que se recurre, por no decir del vocabulario y la sofisticación de las palabras que se utilizan. Nada má alejado de la verdad.

Para explicarlo gráficamente, veamos el siguiente ejemplo, tomado de "El Vicario de Wakefield", de Goldsmith: “Amigos y compañeros míos: cuando reflexiono sobre la distribución del bien y del mal en este mundo, concluyo que si al hombre se le ha dado mucho que disfrutar, se le ha dado aun mucho más que sufrir. Aunque recorriéramos todo el mundo, no encontraríamos a un hombre que, por más feliz que fuera, dejase de suspirar por el logro de alguna cosa; por el contrario, vemos cada día a una multitud de creaturas que con su suicidio nos demuestran que no les queda nada por desear. Resulta, pues, que en esta vida no podemos ser completamente dichosos, pero sí completamente miserables”.

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