Domingo, 17 Febrero 2013 00:00

Domingo I de Cuaresma (C)

Lecturas: Dt 26,4-10; Sal 90; Rm 10,8-13; Lc 4,1-13

Cristo y la experiencia de la tentación

Captación

El pasaje que cuenta la historia de Cristo en el desierto y las tentaciones es un tanto misterioso. Nos es difícil imaginar a Jesús siento tentado por el Diablo; tendemos a pensar que de ninguna manera podría significar para Jesús esta experiencia una verdadera experiencia de tentación. ¿Puede Dios ser tentado por el Diablo?

Cuerpo

Sin embargo, no debemos olvidar que Jesús, al asumir la naturaleza humana de manera plena, asume todo aquello que forma parte de la naturaleza humana. Y Él, aunque no había sido herido por el pecado, como nosotros, sufre con nosotros todo lo que es en la vida del hombre consecuencia de ese pecado: el sufrimiento, la contingencia física y psicológica, la muerte, y también la tentación. Ello es para nosotros fuente de consuelo, pues si Cristo fue tentado y venció a la tentación, significa que conoce esta experiencia y la comprende; nos comprende cuando somos tentados. En los momentos de tentación, por lo tanto, hemos de sentir su solidaridad con el hombre y su cercanía, y debemos además saber que estamos llamados a participar de su propio triunfo contra el mal y el pecado.

Es también un consuelo recordar que el pecado y la tentación no son fruto de la imaginación del hombre; no brotan de la profunidad de la naturaleza enferma del ser humano, sino que existe un agente externo, que realmente busca arruinar nuestra relación con Dios. Pero, ¿en qué sentido esto puede ser un consuelo para nosotros? En el sentido de que nuestro "ser humanos" no está dañado de tal manera que podamos "producir" el mal. Ciertamente nos hacemos sus colaboradores y participamos en ese misterio que es el mal cuando usamos mal nuestra libertad, sobretodo porque, estando heridos por el pecado, nos sentimos "inclinados" a él. Pero en realidad, hay en nosotros una realidad mucho más grande que prevalece ante el mal: somos imagen y semejanza de Dios. Hemos sido creados según la imagen de Cristo y nuestra humanidad es un don de Dios. 

Conclusión

Todo esto constituye una razón poderosa para creer con total convicción que podemos, con Cristo, vencer a la tentación y atravezar los pequeños o grandes desiertos de nuestra vida siendo partícipes de su victoria. La tentación es capaz, no pocas veces, de sacar a relucir las mayores bajezas humanas, pero también es una prueba en la que se acrisola nuestra fidelidad a Dios y se fortalece nuestra decisión firme de buscar el bien y practicarlo en obediencia a Dios.

Otras Ideas

 

  • Las tres tentaciones de Jesús de alguna manera resumen todas las tentaciones posibles para el hombre. Son como los tres "grandes hambres" del ser humano: hambre de pan material y de realidades sensibles, hambre de poder y dominio sobre otras personas, hambre de "tentar" a Dios, o a jugar el papel de "dioses". También se identifican con las tres grandes distorsiones de la búsqueda del hombre por encontrar su realización y su felicidad: tener, poder y placer. 

 

Publicado en Ideas para hoy
Viernes, 15 Febrero 2013 12:29

Domingo I CUA (C) [PHC]

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Viernes, 15 Febrero 2013 10:34

Domingo I CUA (C) [Villapizzone]

Publicado en Materiales
Viernes, 08 Febrero 2013 00:00

Viernes IV del Tiempo Ordinario

Lecturas: Hb 13,1-8; Sal 26; Mc 6,14-29

Todo lo que el mundo puede dar

Captación

En este banquete descrito en el Evangelio hay todo lo que en el mundo se podría desear: un rey, es decir un hombre con poder; hay riqueza, hay amistad, hay alegría, hay placer. Ninguna de estas cosas es mala en sí misma. El mismo Herodoes no aparece como un hombre malvado. Respetaba a Juan incluso a pesar de las cosas que le decía. En este banquete, sin embargo, falta algo.

Cuerpo

Este banquete, entonces, se presenta a nosotros como una perfecta imagen del mundo. ¿Cuántos viven por este ideal? Cuando hay poder, dinero y placer, se siente que se tiene todo. Y muchos poseen estas cosas y creen llevar una vida justa porque no sólo "no hacen mal a nadie", sino que incluso hacen algunas obras de beneficencia. Pero, ¿qué falta? Falta el verdadero compromiso con Dios, que en este Evangelio, se puede decir, está representado en Juan. Herodes estima a Juan, escucha sus palabras incluso cuando son duras, y no se deshace de él; más bien lo tiene bien cuidado, "en su casa". Esta es una imagen muy buena de lo que hacen muchos hombres con Dios: lo respetan, lo escuchan [van a Misa...], lo tienen como algo importante en su vida y afirman que creen en Él y tienen fe. Pero habría que preguntarse, cuánto peso tiene Dios en comparación con los demás ingredientes: ¡son ellos los que hacen la vida "feliz".

El desenlace de esta historia ciertamente no es el más feliz. Herodes tiene que "ceder" en el asesinato de Juan. Sus afectos humanos y sus "ataduras" lo obligan. Entre los compromisos con el mundo y Juan el Bautista, elige al mundo, elige la pasión y su apego vicioso y perverso a los afectos humanos.

Conclusión

¿Qué podemos decir de nuestra propia vida? ¿Cuál es nuestro balance? ¿Realmente podemos afirmar con el salmista "el Señor es mi heredad y mi copa? ¿O son otras las cosas que nos hacen felices? Veamos que detrás de muchos, tal vez también en nosotros, hay una especie de Herodes: alguien que se cree bueno, pero no ha estrechado tovadía un verdadero compromiso con el Señor. Hasta ahora el mundo ha podido más. ¿Cuál será el desenlace?

 
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