Miércoles, 24 Septiembre 2014 00:00

Miércoles XXV del Tiempo Ordinario 2014

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Sábado, 26 Abril 2014 00:00

Sábado I de Pascua

Lecturas: Hch 4,13-21; Sal 117; Mc 16,9-15

Cristo está vivo

Captación

Imaginémonos siendo testigos directos de la muerte trágica de una persona, de la cual luego de dos días escuchamos decir por parte de personas totalmente fidedignas que está viva y operante. ¿Cómo reaccioaríamos? Es bueno hacerse esa pregunta para ponerse en el lugar de los apóstoles. Tal vez la reacción de Tomás, "el incrédulo" no resultará tan lejana a nuestra realidad personal.

Cuerpo

A veces damos por supuesta la fe de los discípulos de Cristo. Olvidamos que también ellos, como hoy en día nosotros, necesitaron ser confirmados en el esa fe por el mismo Jesús. Pero el hecho es que Jesús se presentó ante sus ojos luego de haber muerto y ello no sólo los convenció de su divinidad sino que les dio la fuerza y la convicción para ser testigos "creibles" de la resurrección de Cristo. Nosotros no podemos "ver" a Jesús como lo vieron sus apóstoles, pero para quien tiene fe, sobran las pruebas; son innumerables los que a lo largo de la historia han dado testimonio de su encuentro con Él y lo siguen haciendo, a través del anuncio y del extremo martirio. ¿Puede esto ser una farsa? ¡No! Lo de Jesús no es sólo un hecho del pasado [por lo demás verificable como hecho histórico; hoy en día ningún historiador serio se atreve a poner dudas sobre la existencia de Jesús, pues ella es perfectamente verificable según los parámetros de la ciencia histórica moderna]. Él está aquí y ahora con nosotros, en su Iglesia, con esa nueva humanidad glorificada que hizo visible a su pequeño grupo de apóstoles. Su presencia es real y se realiza principalmente a través de los sacramentos y del anuncio de su Palabra que no es letra muerta, sino viva y eficaz.

Conclusión

¿Cómo debemos situarnos ante el acontecimiento de la resurrección de Cristo? ¿Cómo es nuestra fe aquí y ahora? Hemos escuchado a muchos decir que Él está vivo. ¿Hemos creído realmente? El grado de aceptación de esta verdad puede medirse por nuestro grado de compromiso con Dios y por el testimonio que damos de nuestra fe en Jesús en todos los ámbitos de nuestra vida.

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Viernes, 25 Abril 2014 00:00

Viernes I de Pascua

Lecturas: Hch 4,1-12; Sal 117; Jn 21,1-14

Ser cristiano es ser signo de contradicción

Captación

La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos pone, inmediatamente luego de la Pascua, ante el panorama dramático y sorprendente de la persecusión terrible que sufrieron los cristianos en los primeros siglos de la Iglesia. Vemos a Juan y a Pedro ser llevados a un tribunal por anunciar públicamente la salvación de Jesucristo.

Cuerpo

Pero este panorama está muy lejos de ser un hecho coyuntural o accidental al cristianismo, o algo que vivió la Iglesia en el pasado. ¿No dijo el Señor a sus apóstoles "yo les envío como ovejas en medio de lobos"? La persecusión viene con el ser cristianos. En todos los siglos, como hoy, en muchos lugares de la tierra los cristianos sufren persecusión. Hay persecusiones sangrientas, como las que están sucediendo en la India y en el cercano oriente en el presente, y hay persecusiones "cotidianas", las que sufre inexorablemente cualquiera que se empeñe en amar a Dios y vivir su fe seriamente. Sin embargo, no todos son capaces de resistir los embates del mundo y su cultura de muerte, enemiga de Dios. Hay muchos quienes, debilitados en su fe, espiritualmente "desnutridos", ceden ante sus insinuaciones y tentaciones, y van asumiento como regla de vida y modo de pensar aquellos mundanos. La fe cristiana termina siendo para ellos un escándalo, o cuando menos una "exageración" [hace poco, en la Misa de canonización de José de Anchieta, el Papa Francisco hablaba de "la tentación de refugiarse en el escepticismo, en el "no exageremos"]; la idea de ser perseguido de algún modo o ser rechazado por su entorno a causa de la religión les repele tanto que prefieren ir cediendo espacios, reduciendo cada vez más su relación con Dios al ámbito extrictamente íntimo y personal. Pero es imposible de hacer sin al mismo tiempo comprometer esa relación en otros espacios de su vida personal.

Conclusión

¿Cuál es la respuesta? El Señor nos la da en el Evangelio. Él mismo nos envía diciéndonos "echad las redes a la derecha". La relación personal con Él lleva necesariamente al testimonio y al anuncio. En las lecturas de hoy está presente este binomo que nosotros debemos asumir como "regla" de comportamiento: oración y apostolado. Estas cosas van juntas.[El Papa Fracisco ha repetido varias veces que "la Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción". Quien se deja atraer por Jesús, siente la necesidad irremediable de comunicarlo a otros, para que a su vez se sientan atraídos por él.]

 
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Lunes, 08 Julio 2013 19:37

El triunfo de la Iglesia

«Tal es entonces la misión y el labor de la Iglesia, para dar su testimonio, para enseñar y para juzgar; y al hacer esto, independientemente de que los hombres crean o no crean, ella está cumpliendo su triunfo en el mundo.»

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Miércoles, 08 Mayo 2013 17:17

La presencia del Espíritu

«No se puede entender la vida cristiana sin la presencia del Espíritu Santo: no sería cristiana. Sería una vida religiosa, pagana, piadosa, que cree en Dios, pero sin la vitalidad que Jesús quiere para sus discípulos. Y aquello que da la vitalidad es el Espíritu Santo, presente. El Espíritu “da testimonio” de Jesús para que nosotros podamos darlo a los demás»

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Jueves, 25 Abril 2013 00:00

San Marcos Evangelista

Lecturas: 1Pe 5,5b-14; Sal 88; Mc 16,15-20

Qué significa evangelizar

Captación

El Señor envió a sus discípulos "al mundo entero" a proclamar el Evangelio. Esto significa que todos los cristianos somos por esencia "apóstoles" y que ninguno, por más inserto que esté en las realidades del mundo, debe sentirse excluido de esta misión; todos estamos llamados a dar testimonio. Si no damos testimonio nuestra fe no es una fe verdadera, coherente.

Cuerpo

Ahora bien, los cristianos en diferentes partes y en las diversas situaciones en las que están insertados, experimentan distintas dificultades. Una de ellas es sentirse "al margen" de esta responsabilidad. Se tiende a pensar que son los sacerdotes o los religiosos los únicos encargados de hablar del Evangelio. Sin embargo, hacer apostolado es algo que brota de manera natural de un corazón que se ha encontrado con Cristo. Se repite exactamente el mismo efecto natural que se produce en nosotros cuando descubrimos algo en la vida o nos sucede algo que nos impresiona positivamente o enriquece nuestra experiencia humana; ¿no es acaso el movimiento natural que brota de nosotros querer comunicarlo y compartirlo con los demás? Por lo tanto, si eso no nos sucede con nuestro modo de vivir la vida cristiana, significa que la estamos viviendo muy superficialmente y que no hemos comprendido lo que significa pertenecer a Cristo. En realidad, quien se ha encontrado con Él, experimenta eso no tanto como una carga, sino como una necesidad. Como decía San Pablo, "ay de mí si no evangelizo". En todo esto, una de las dificultades que se puede experimentar es la de no saber qué decir o cómo actuar. Y ante ello, lo primero es recordar que "nadie da lo que no tiene". Primero debo preguntarme cómo está mi vida espirtual, como está mi oración y mi relación con Dios. Luego, de lo que se trata es de comunicar esa experiencia a los demás, no sólo con mis palabras de manera directa (pues no siempre es posible) sino también con mi ejemplo, mostrando la alegría y la paz de quien está con Cristo, de quien lleva su Palabra en el corazón.

Conclusión

Finalmente, también es importante recordar que Jesucristo nos envió "al mundo entero". La vocación cristiana es universal, y esto muestra la belleza de ser cristiano: es una respuesta para todos. Cristo responde a la humanidad entera, no sólo a un grupo en particular. El cristiano, por lo tanto, está llamado a vivir esa universalidad, a transformara el mundo entero, instaurándolo todo en Cristo.

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Miércoles, 06 Marzo 2013 10:17

Miércoles III de Cuaresma

Lecturas: Dt 4,1.5-9; Sal 147; Mt 5,17-19

No pasará ni una letra

Captación

Hay un relativismo religioso imperante que atenta directamente contra estas palabras de Jesús. Es la ley del "supermercado religioso", contra la ley de la "Unidad de la Ley". En otras palabras, no vale tomar una parte de la ley de Dios o de los preceptos que enseña la Iglesia, y al mismo tiempo descartar otra, según el criterio personal de la conveniencia o de la comodidad. Como dice San Pablo: "todo me está permitido, pero no todo me conviene". ¿Sabe el mundo de hoy lo que le conviene?

Cuerpo

Ciertamente el mundo de hoy elige a criterio personal y subjetivo "lo que le conviene", y para él las palabras de Jesús resultan completamente escandalosas. ¿Por qué me debo ajustar a una ley externa, que se me impone? ¿Acaso la vida de por sí no nos impone muchas cosas? De las palabras de Jesús podemos deducir tres cosas esenciales: 1. Que la Ley es UNA. Es un cuerpo completo y unitario, porque eso se corresponde con la naturaleza de Dios. Es imposible eliminar una parte de esa Ley sin dañar el resto. La Ley de Dios es como el cuerpo, un organismo completo y funcionante; si se afecta una parte, el cuerpo entero sufre. 2. La Palabra de Dios es UNA. Antiguo y Nuevo Testamento encuentran su centro y su culminación en Cristo, que da unidad y solidez a la Palabra; Él mismo es la Palabra hecha carne. ¿Alguno podría afirmar que Dios se contradice al revelarse a los hombres? 3. El propósito es UNO. La finalidad de la Revelación y de la Ley es una sola: la salvación del hombre. Todas la normas religiosas y los preceptos religiosos apuntan a dar cumplimiento a la Revelación. Por lo tanto, el hombre no puede arrogarse el derecho de cambiar, como dice Jesús, ni una letra de esa Ley.

Conclusión

La Palabra de hoy nos invita a algo que se puede resumir con una palabra: coherencia. La coherencia es esa virtud que conduce a respetar la unidad de doctrina que nos ha sido donada y que nosotros no detemos derecho de cambiar. El Señor nos exige tener un mayor respeto por la Verdad, que es una y que se ha hecho persona en Él.

Otras Ideas

  • Nuestra preocupación por ser fieles a la Ley de Dios tiene mucho que ver con la exigencia de la caridad. Vivirla, implica una relación con nuestro prójimo marcada por el testimonio y el ejemplo y no por el escándalo. No debemos engañarnos pensando que no hacemos daño a nadie con nuestras incoherencias, pues aquello que vivimos es lo que reflejamos en nuestra relación Con Dios. La coherencia y la trasparencia son exigecias de la caridad. No se trata, por lo tanto, de una búsqueda individualista de virtud, sino de nuestro lugar en el Cuerpo de la Iglesia. Nuestro compromiso cristiano nos pone necesariamente de cara a nuestro prójimo, especialmente a los más pequeños y débiles.
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