Lunes, 17 Junio 2013 00:00

Lunes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Corintios 6,1-10; Sal 97; Mateo 5,38-42

De la ley del talión a la “nueva ley”

Captación

Este pasaje no es fácil de explicar, pues parece que Jesús condena una ley humana para plantear una nueva norma que en la práctica es irrealizable. Pero las palabras de Jesús en este Evangelio no buscan tanto condenar una ley antigua para contraponerla con otra, cuanto llevar a sus discípulos a un orden que supera los meros pactos jurídicos. Para ser cristiano no basta la justicia según los términos humanos, es necesario entrar en un “nuevo orden” inspirado en la ley de la caridad.

Cuerpo

El hombre lleva en su naturaleza herida por el pecado el deseo de desquitarse. Es una tendencia a la irritación por el mal recibido y al deseo de vengarse devolviendo al agresor incluso más del perjuicio recibido. La ley del talión sirvió en un momento de la historia como verdadero muro de contención y significó un verdadero progreso en el propósito de regular las relaciones humanas. Se resumía en un principio de justicia muy claro. Más allá de que las leyes humanas hayan seguido su propio progreso en el proceso de civilización, las palabras de Jesús no se centran en ellas, sino que quieren llevar a sus discípulos a mirar desde una óptica distinta y superior, que es la mirada de Dios, cuya justicia no es matemática. A simple vista, vivir lo que Jesús propone parece imposible. Y lo es, si es que esos son los criterios con los que nos movemos. ¿Cómo puede amar de manera incondicional, quien no ha descubierto que es amado por Dios de manera incondicional? Nuestras relaciones humanas nunca son perfectas, pues tienen siempre un componente de contradicción; en ellas no pocas veces aparecen mezclados los sentimientos más nobles con otros que provienen del capricho o del egoísmo. Sin embargo, el hombre, por ser criatura divina y haber sido “ennoblecido” en su dignidad por Cristo, está llamado a un amor superior, uno que supera todas esas barreras; ese amor se llama “caridad”, y es eso lo que Jesús está proponiendo.

Conclusión

El primer paso, es desear acceder a ese ámbito de la caridad, que nos hace pasar del amor meramente humano a un amor mucho más alto. Nuestra más alta felicidad consiste en aspirar a ese amor e irlo conquistando poco a poco partiendo de las cosas más sencillas de nuestra vida cotidiana. ¿Cuáles son las leyes que rigen mi comportamiento? ¿Trato de “escalar” hacia ese “nivel superior”, que es el amor de Cristo? ¿Busco mi verdadera realización humana en el amor a los demás? Finalmente, recordemos que lo que nos propone Cristo es contrario a un ideal “fofo” de amor. El amor de Cristo no es mero sentimentalismo. Está hecho de actos concretos de entrega y de renuncia, está hecho de verdad, y una verdad que a veces duele, está hecho también de humildad, y está hecho de sacrificio.

 
Publicado en Ideas para hoy
Sábado, 23 Febrero 2013 00:00

Sábado I de Cuaresma

Lecturas: Dt 26,16-19; Sal 118; Mt 5,43-48

¿Es posible amar a un enemigo?

Captación

Con mucha facilidad se condena esta enseñanzas del Evangelio, y al hacerlo condenamos a Cristo; porque nos parece demasiado romántico e humanamente imposible "amar" a nuestros enemigos. ¿Amar a quienes nos hacen daño? ¿Amar al asesino despiadado? ¿A quien arranca la inocencia del prójimo? Muchos casos existen ante los cuales sencillamente cerramos el libro de los Evangelios y hacemos "de la vista gorda", porque sencillamente no parece que se pueda cumplir.

Cuerpo

Cuando el Señor nos dijo "ama a tu enemigo", no estaba diciendo que debíamos sentir simpatía por quien comete el mal o nos lo desea a nosotros. "Perdonar" tampoco significa olvidar el daño recibido o visto, porque en muchos casos ello se sencillamente imposible. Así que la respuesta debemos buscarla en el verdadero significado del amor cristiano. Estamos acostumbrados a "maltratar" el amor y a fuerza de mal utilizar esa palabras la hemos ido gastando y vaciando de su verdadero significado. ¿Acaso no fue el mismo Jesús duro y crítico con algunos de sus contemporáneos? ¿Acaso no expulsó a los vendedores del templo? ¿Alguno podría afirmar que en aquellos casos Jesús no amó? Es que el amor no se reduce a determinados sentimientos de empatía o solidaridad con el otro. Ciertamente es fácil amar a aquel por el que se siente simpatía.

Desde un punto de vista muy humano, pero también cristiano, el primer "escalón" del amor es el respeto. El respeto está hecho de la conciencia de la dignidad del otro, más allá de sus obras o de sus características, y su dignidad está fundada en Dios. En este sentido, "amar a nuestros enemigos", lejos de ser un principio teórico e idealista, es un principio de consecuencias prácticas muy grandes; implica una completa visión de la realidad que nos rodea muy distinta a la visión del mundo en que prima el egoísmo y el deseo de venganza. Podríamos decir que hay "grados" del amor cristiano y a cada persona se aplica de una manera distinta en circunstancias distintas. En algún caso significa simplemente respetar al otro y no juzgar sus intenciones [lo cual no se opone al castigo, ni significa que debamos ser acogedores y simpáticos con quienes hacen el mal.]. En un grado más algo el amor puede expresarse de otros modos, hasta llegar al amor más completo y total, que se expresa en la confianza, la intimidad, el afecto, y todas esas realidades humanas que vienen de Dios.

Conclusión

Según lo dicho, el amor puede adquirir en nuestra vida una dimensión más concreta. Detrás de nuestras "faltas de amor" o de los sentimientos encontrados que muchas veces descubrimos frente a determinadas personas o situaciones, puede haber una falta de comprensión de lo que es el amor según el Evangelio.

Otras Ideas

  • El grado más alto del amor en todas sus expresiones nos ha sido señalado por Cristo. No es raro que uno de su vida por sus amigos, pero ¿dar la vida por los enemigos? No existe amor más perfecto. Ese amor es el verdadero "amor cristiano", que considera y conoce la dignidad humana en su verdadera dimensión y actúa según las consecuencias que se desprenden de ese conocimiento.
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