Jueves, 24 Abril 2014 00:00

Jueves I de Pascua

Lecturas: Hch 3,11-26; Sal 8; Lc 24,35-48

Jesús ilumina nuestro entendimiento

Captación

Falta de comprensión y temor son las dos realidades humanas de las cuales son víctimas los discípulos, tal como aparece en los Evangelios. Jesús llega para discipar sus miedos y abrir sus ojos a la realidad de una manera totalmente renovada. No nos es totalmente ajena esta experiencia. Quien ha dado en algún momento de su vida el paso de la fe es capaz de entenderlo.

Cuerpo

Efectivamente, una de las cosas de las cuales es esclavo el mundo sin Dios es el miedo. De allí la llamada que hizo el Papa Juan Pablo II al inicio de su pontificado: "no tengáis miedo". El mundo, y la gente que está inmerso en su dinámica, aunque no lo reconozoca, adolece principalmente de un temor muy profundo: temor a la falta de sentido y de significado, a la falta de amor, a la soledad, y a otras cosas; pero logra contener ese sentimiento llenándose de sucedáneos, los cuales le proporcionan una seguridad y un significado que, aunque es efímero y endeble, produce la sensación de realización. Lo otro es la falta de comprensión. De hecho hay una manera de comprender el mundo sin Dios y otra que es radicalmente distinta y en muchos casos opuesta, aquella que ve la realidad desde los ojos de la fe. Con esa mirada el cristiano se acerca a las cosas de Dios y es capaz de comprender, se ve a sí mismo y a los demás desde la verdad, y se coloca ante los acontecimientos de la vida, tanto aquellos felices como a los dolorosos, con una actitud que a muchos resulta soprendente y hasta absurda. Pero todo esto no viene simplemente de una experiencia de conocimiento; no estamos hablando simplemente de un proceso mental, como de quien descubre algo desde el punto de vista científico, sino de una experiencia de fe, y la fe es un don. No está en nosotros el origen de todo esto, sino en Dios: Él disipa nuestras dudas y temores y abre nuestra mente y nuestro corazón al entendimiento. Es así como se presenta a nosotros Jesús Resucitado en la Iglesia y en los Sacramentos.

Conclusión

La pregunta es: ¿confiamos en Él?. Porque todo esto es un asunto de confianza. Debemos creer verdaderamente que en la Iglesia Jesús es la fuente de nuestra seguridad humana y el objeto más alto de nuestro conocimiento. Conocerlo a Él es la verdadera sabiduría. A través de nuestra participación conciente en la vida y de la Iglesia de nuestra relación personal con Dios a través de la oración y del ejercicio de la caridad Él aleja nuestros miedos y abre nuestros ojos a la verdad.

 
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Domingo, 19 Mayo 2013 08:10

"¿Qué es la verdad?"

¿Existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?" (Jn 18,37.38). Pilato no entiende que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud del tiempo, "se hizo carne" (Jn 1,1.14), que vino entre nosotros para que la conociéramos.

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Domingo, 19 Mayo 2013 08:03

La verdad se encuentra

La verdad no te agarra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona. Pero, ¿quién nos hace reconocer que Jesús es "la" Palabra de la verdad, el Hijo unigénito de Dios Padre? San Pablo enseña que "nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, si no está impulsado por el Espíritu Santo" (1 Cor 12:03). Es sólo el Espíritu Santo, el don de Cristo Resucitado, quien nos hace reconocer la verdad

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Lunes, 22 Abril 2013 00:00

Lunes IV de Pascua

Lecturas: Hch 11,1-18; Sal 41; Jn 10,1-10

¿Cuál es nuestra puerta?

Captación

Jesús utiliza la imagen de la puerta dicendo "yo soy la puerta". Y nosotros podemos hacer uso de esta misma imagen para preguntar ¿cuál es nuestra puerta? Porque existen "otras puertas" en nuestro mundo: la puerta de nuestra inteligencia, la puerta del ateísmo, la puerta de las ideologías. ¿Cuál es nuestra puerta?

Cuerpo

Cuando Jesús afirma que Él es "la puerta" está diciendo que es el único camino para llegar al Padre, y también el único camino para conocer la verdad y vivir en ella. "Yo soy el camino, la verdad y la vida", dirá en otro momento. Jesucristo es la clave que devela toda la verdad sobre el misterio de Dios y sobre el significado de la vida humana misa. Quien acepta a Jesús y acepta "pasar por Él" participa de una verdad liberadora, puede "entrar y salir". Pero es frecuente que los seres humanos nos erijamos a nosotros mismos en "puertas" hacia la verdad; contruimos nuestros propios sistemas de pensamiento que no pasan por la verdad revelada por Cristo. Abrimos puertas que en realidad son brechas en el muro de la verdad revelada por Dios. Queremos pasar no a través de Cristo sino a través de esas "brechas" que nosotros abrimos en el muro destruyéndolo. En cierto modo queremos forzar a Dios a dejarnos entrar, pero sin pasar por su Hijo Jesús

Conclusión

Jesús no solamente es "la puerta", sino que es una puerta estrecha. El camino que Él nos ofrece es un camino liberador, pero implica sacrificar las cosas del mundo y renunciar a todo aquello que se nos ofrece al pasar por la puerta del facilismo, de los sistemas de pensamiento auto-referenciales, de nuestra inteligencia ensoberbecida. El primer paso necesario para nuestra conversión es reconocer a Jesús como la "única puerta" que conduce a la verdad.

Otras Ideas

  • La voz del Buen Pastor es una voz "reconocible" pero no la escuchamos si estamos ensordecidos por el mundo que nos rodea o por nuestro propio mundo interior. El Señor Jesús no sólo nos invita a escuchar su voz, sino a tener familiaridad con ella, de manera que sepamos distinguirla de "otras voces" con las que muchas veces parece confundirse, las voces del mundo. No hay mejor manera para corromper la verdad que presentarla como "media verdad"; es así como la voz de Cristo, en lugar de ser "reconocible" y "agradable" a nuestro oído, se vuelve confusa e incómoda.
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    Lunes, 04 Marzo 2013 00:00

    Lunes III de Cuaresma

    Lecturas: 2Re 5,1-15a; Sal 41; Lc 4,24-30

    La irracionalidad frente a Jesús

    Captación

    Lo que vivimos hoy en muchos ambientes contrarios al cristianismo y a la Iglesia es algo muy similar a lo que se dice en el Evangelio de hoy: hay frente a Jesús un rechazo irracional en el que contradictoriamente se reconoce la sabiduría de sus planteamientos y en el mismo movimiento se desacalifica esa sabiduría porque viene de muy cerca.

    Cuerpo

    ¡Cuánta irracionalidad en el mundo de hoy! ¡Cuánto relativismo! La irracionalidad consiste en la incapacidad de ver la verdad en dejar que ésta caiga por su propio peso. Consiste en dar más importancia a cuestiones de orden secundario, como el propio gusto o la propia opinión, y colocar la verdad al servicio de estos. Más aún, la irracionalidad es consecuencia de un relativismo absoluto, en el que no existe verdad alguna, sino sólo mi verdad y la verdad de los demás.

    Ahora bien, aunque quienes adherimos a la fe de la Iglesia y nos consideramos fieles a su doctrina y a sus preceptos, difícilmente podemos sentirnos aludidos por esa crítica al relativismo y a la irracionalidad contenida en las palabras del Señor, debemos pensar en alguna forma por la que estas palabras puedan estar también dirigidas a nosotros. Y es que existe una forma de irracionalidad y de relavismo más sutil, a la cual ninguno de nosotros es inmune: la incoherencia. ¡Así es! la Incoherencia es esa asincronía entre lo que creemos y lo que vivimos, entre lo que sabemos que es bueno y verdadero, y lo que actuamos en nuestra vida diaria.

    Conclusión

    No hacer un esfuerzo serio en favor de nuestra conversión y de una vida más coherente es en cierto modo, colaborar con esa honda de relativismo e irracionalidad que tiene a este mundo postrado. Se dice que "sólo los santos cambiarán el mundo". Pues podríamos definir sin ambages la santidad como la "máxima coherencia" a la que puede aspirar un cristiano: una coherencia heróica, razonable, racional y super racional, que no relativiza la verdad ni la diluye, sino que la acepta y se pone al servicio de ella.

     
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