Jueves, 26 Marzo 2015 00:00

Jueves V de Cuaresma 2015

Publicado en Ideas para hoy
Jueves, 08 Mayo 2014 00:00

Jueves III de Pascua 2014

Lecturas: Hch 8,26-40; Sal 65; Jn 6,44-51

Una vida hecha de promesas

Captación

La vida humana está hecha de promesas. La felicidad es una promesa cumplida; la infelicidad muchas veces es consecuencia de deseo no cumplido, o de una promesa traicionada. En la vida de los hombres, no existe ninguna garantía absoluta de que aquello que deseamos, incluso aquello que merecemos, se cumplirá necesariamente. En Cristo, en cambio, la promesa de Dios se cumple inexorablemente, y no existe ninguna fuerza humana capaz de truncarla.[Dice el Señor por el profeta Isaías: "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido." (Is 49,15)]

Cuerpo

Estas palabras de Jesús están marcadas por una promesa bellísima, que a los ojos humanos a veces aparece como una utopía: la promesa de la vida eterna, de una felicidad plena e ilimitada. ¿Es esto real? En cierto modo, la calidad de nuestra vida cristiana y de nuestra relación con Dios dependerá de cuán auténticamente asumimos esta realidad como una verdad absoluta e inminente. De hecho, los primeros cristianos vivían de manera muy intensa la proximidad de la venida gloriosa y definitiva de Cristo. Se ha dicho muchas veces que esto era debido a una incorrecta interpretación de los primeros apóstoles acerca del dicho de Jesús: "No pasará esta generación..." Pero en realidad, esta fe en la realización inexorable y cercana de las promesas de Dios es parte constitutiva de nuestra fe, y a lo largo de los siglos ha sido motivo de que muchas personas se decidan a entregarle todo a Dios, incluso la propia sangre, cuando las circunstancias así lo han determinado. Ahora bien, en esta vida esa promesa de felicidad está necesariamente mezclada con otra promesa: la de la tribulación; y por eso la vida cristiana no está excenta de sacrificios y de situaciones que muchas veces requieren de gran abnegación y determinación. Pero la mirada hacia Dios y hacia sus promesas, con su seguridad absoluta, iluminan el horizonte y dan incluso a nuestras circunstancias más cotidianas un sabor distinto. Pero en este Evangelio, además, Jesús nos ofrece un pan que es prenda de inmortalidad, un alimento que, como dijo a la samaritana, "sacia para la vida eterna". Y este pan, unido a los demás sacramentos y a la posibilidad de una relación vital con Jesús por la oración, convierte nuestra vida desde ahora en un verdadero "adelanto" de la comunión en el Cielo; si tenemos fe, si escuchamos a Dios y no cedemos a nuestro egoísmo, podemos desde ahora ver en nuestra vida las promesas de Dios cumplidas.

Conclusión

Es esta confianza en Dios y en sus promesas, nutrida por el encuentro personal con Él, lo que motiva nuestro deseo de santidad y de apostolado. Santidad porque es un camino siempre creciente, no puede ser de otro modo. Apostolado porque es una experiencia de la que brota naturalmente el deseo de compartirlo.

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Viernes, 21 Junio 2013 00:00

Viernes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 11,18.21b-30; Sal 33; Mt 6,19-23

Acumular tesoros en el Cielo

Captación

Dios nos ha dado la vida, pero es necesario mantenerla. Creemos que para “mantener” la vida necesitamos adquirir y acumular bienes, porque ellos “garantizan” nuestra existencia y nuestra seguridad. Los bienes materiales únicamente garantizan nuestra subsistencia, pero no una vida o una felicidad perdurable y duradera en el tiempo y más allá del tiempo.

Cuerpo

Las cosas materiales tienen esa característica que tenía el “maná”. Si lo acumulas se pudre [El libro del Éxodo en el capítulo 16, narra cómo algunos israelitas, contraviniendo la orden de Moisés, guardaron alimento para el día siguiente, pero éste apareció lleno de gusanos y con olor nauseabundo. Se puede utilizar esta imagen para explicar cómo quien tiene su tesoro en las cosas banales y pasajeras, desobedeciendo a Dios, sólo cosechará hastío y muerte; la desobediencia conduce siempre a la muerte]. Lo que posees ya no es más un don, sino que se convierte en una esclavitud. El verdadero ateísmo es el de aquel que se considera dios porque lo posee todo. Esa es la imagen del “anti-Dios”, porque Dios no posee nada y ese proceso de acumular, nos aliena de Dios. Ahora bien, no es tanto la “posesión” en sí misma, la que Jesús no condena, sino el uso. La idea de “acumular” es que los bienes se conviertan en el único propósito de la vida, o en el fin primordial. De hecho el Evangelio no sugiere una especie de “fuga” del mundo, que está hecho también de cosas materiales. Se sugiere un determinado tipo de relación con las cosas. Imaginemos un mundo en que las cosas no son motivo de esclavitud para el hombre.

Conclusión

Pero, ¿cómo se hace para “atesorar” en el Cielo? Se atesora recibiendo todos mis bienes como un don de Dios, que me da todo lo que tengo, empezando por mi vida, mi capacidad y mi inteligencia [espíritu de agradecimiento y de amor: Dios Eucaristía]; también se atesora compartiendo con los hermanos. Todo va asumiendo un significado eterno, al entrar en comunión con Dios y con los demás. Quien no acepta las cosas como un don, no puede vivir como hijo.

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Viernes, 26 Abril 2013 00:00

Viernes IV de Pascua

Lecturas: Hch 13,26-33; Sal 2; Jn 14,1-6

En el Cielo hay un lugar

Captación

¡Qué bellas palabras de parte de Jesús a nosotros, sus discípulos! "Que no tiemble vuestro corazón", se puede traducir también como "no dudéis", "no tengáis miedo", "no os inquietéis". El Señor nos invita a vivir con una profunda serenidad, esperando el día del encuentro definitivo con Él. Él mismo nos ha preparado el camino hacia su Reino eterno y nos tiene preparado también un lugar.

Cuerpo

El significado de esta verdad de nuestra fe, aquí refrendado por Cristo personalmente, es de una grandeza que no se puede comprender con la sola razón. Sólo la fe puede ayudarnos a mirar hacia este horizonte que, aunque supera toda comprensión terrena y toda expectativa humana, es real; tiene la realidad de una promesa concreta de Jesús cuyo perfecto cumplimiento nada ni nadie podrá impedir o cancelar.

Y, precisamente, el "realismo" de esta promesa, el realismo del Cielo o de la vida eterna que Jesús nos ha prometido, queda muy claro aquí, pues las palabras de Jesús despejan toda duda acerca de la vocación eterna de la persona humana. No estamos destinados a la desaparición, ni siquiera a una suerte de "disolución" en la nebuloza espiritual. El cristianismo es totalmente ajeno a cualquier género de panteísmo en lo que se refiere a la subsistencia del alma inmortal. En un "abrir y cerrar de ojos", como dice San Pablo, toda la realidad será transformada y con ella, nuestro ser pasará al estado glorioso anunciado por Cristo en su resurrección. Y de ello ya nuestra "paso" personal, nuestra muerte, es un adelanto y un inicio. Jesús nos ofrece "un lugar" en la casa de su Padre. Un lugar en el que nuestra existencia se prolongará en un tiempo sin fin y en relaciones de íntima comunión y amistad con Dios y con todos lo santos, lo que constituirá la fuente última de nuestra felicidad.

Conclusión

¡Debemos anhelar el Cielo, desearlo! Esta verdad de nuestra fe está no sólo para ser creida con la razón, sino para ser deseada con el corazón, pues nos debe motivar a procurarla a través de una vida cristiana intensa y de la búsqueda de la santidad.

 
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Domingo, 21 Abril 2013 00:00

Domingo IV de Pascua (C)

¿En qué consiste la esperanza cristiana?

Captación

Charles Peguy llamaba a la esperanza "la más pequeña de las virtudes", aquella "pequeña niña" que con su dulzura nos eleva y nos ayuda a afrontar las vicisitudes de la vida con entereza. una virtud que a veces es imperceptible, pero que nos ayuda a superar de buen ánimo cualquier obstáculo, porque nos ayuda amirar al futuro con una alefría profunda incluso en medio de los problemas.

Cuerpo

Pero ello solo se debe al hecho de que es Cristo el fundamento de nuestra esperanza. No es, pues, una esperanza cualquiera, es la esperanza cristiana la que nos ayuda a ver la vida con otros ojos. Hace que despertemos a cada día de nuestra vida con un implso renovado; es la que hace ligeros los pesos que a los ojos humanos resultan insoportables; es la que nos sonríe y nos ayuda a recordar la bondad de Dios. La esperanza cristiana no tiene otro fundamento que las promesas divinas, las que siempre, inexorablemente, encuentran su cumplimiento. Esta esperanza es un fruto de la fe y nos conduce al amor, que permanece para siempre. Esta virtud es la "hoja de ruta" del cristiano, que lo encamina por el sendero que conduce a la resurrección, aquel destino que nos ha señalado Cristo, quien es la Resurreción y la Vida

Conclusión

¿Vivo la virtud de la esperanza? ¿Alimento mi esperanza a través de la oración y del conocimiento de las promesas divinas? La Palabra de hoy nos interpela para que nos demos cuenta de que no existe otro fundamento real para vivir esta vida "esperando", que la persona de Cristo. ¿Quién más ha sido capaz de afirmar "quien viene a mí tiene vida eterna

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Viernes, 19 Abril 2013 09:44

Domingo IV de Pascua (C) [Alvarado]

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Viernes, 19 Abril 2013 09:41

Domingo IV de Pascua (C) [Daum]

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Miércoles, 17 Abril 2013 00:00

Miércoles III de Pascua

Lecturas: Hb 8,1b-8; Sal 65; Jn 6,35-40

Bueno como el pan

Captación

Se podrían escribir toneladas de páginas sólo sobre esta afirmación del Señor: "Yo soy el pan de la vida". Es característico del lenguaje de Jesús utilizar palabras simples y directas, así como imágenes tomadas de la vida cotidiana, para expresar verdades de una profundidad inabarcable. ¿Qué significa que el Señor se proclame así mismo "pan de la vida"?

Cuerpo

Ya que la imagen está tomada de la vida cotiana, vayamos a la vida cotidiana: el pan es probablemente una de las cosas más simples y valiosas de la vida. El pan es el alimento por excelencia, el prototipo de todo lo que puede alimentar al hombre. Cuando se habla de la necesidad de alimentarse se suele decir: "que no nos falte el pan". De hecho, en la oración del Padre Nuestro expresamos esto, refiriéndonos a "todo alimento". El pan es sencillo, bueno, fundamental. Con el pan se comparte, con el pan se comunica, el pan es vida. Pero en la oración del Padre Nuestro no nos referimos sólo al pan material. El pan es también símbolo del alimento espiritual. No es casual que Jesús haya elegido el pan como "vehículo" de su presencia sacramental entre nosotros. Como el pan material que alimenta nuestro cuerpo, existe un pan espiritual que alimenta nuestro espíritu. Las palabras de Jesús producen siempre el deseo de recibir ese pan: "Señor, danos siempre de ese pan", le dicen sus oyentes. El pan que ofrece Jesús es promesa de seguridad, de felicidad, de vida eterna. No existe nada en el mundo, por más bueno y deseable, que sea tan valioso como aquel pan que ofrece Jesús. Él mismo dijo a la Samaritana que quien lo tenga a Él como alimento, se convertiría él mismo en fuente que mana para la vida eterna. No existe deseo humano que no pueda ser colmado con este alimento de vida eterna.

Pues bien, ese "alimento" es el mismo Jesús su persona. Él afirma: "Yo soy el pan de la vida". Quien no experimenta fuertemente el deseo de Cristo, de acercarse a Él, de vivir en comunión con Él, todavía no lo ha conocido, no sabe quién es. Quien se encuentra con Él, en cambio, experimenta en su vida un deseo irresistible de estar con Él, de vivir con Él, y de que Él sea siempre el centro de su vida. De esta manera, cumplir su palabra deja completamente de ser una carga, se convierte en una felicidad indescriptible. Hay algo en Jesús que responde a la sed y al hambre más profundos que hay en el corazón humano.

Conclusión

¿Cómo está nuestra vida de encuentro con Jesús. Él ciertamenet nos conoce, ¿lo conocemos nosotros? ¿Lo conocemos suficientemente como para desear con toda nuestra vida estar con Él? No seamos conformistas con nuestro cristianismo. Debémos preguntarnos qué tenemos que hacer para sentirnos como esos hombres y esas mujeres que al escucharlo y al verlo, desearon dejarlo todo por seguirlo, por estar con Él para siempre.

 
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