Niños

En esta sección proporcionamos artículos y recursos para una mejor comunicación con los niños. Predicar a los niños no es fácil, requiere de preparación y de un cierto conocimiento del modo como ellos entienen la realidad y, por lo tanto, aprenden de manera más efectiva los conceptos.

Jueves, 05 Diciembre 2013 12:26

Un recurso: la ilusión del Adviento

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No cabe duda de que el Adviento y la Navidad producen en los niños una natural ilusión. Hay una producida por el ambiente comercial y la proximidad de "Papá Noel", pero ciertamente no esa la ilusión a la que nos referimos, sobre todo porque hay muchos niños que no conocen en lo absoluto esa parte de la Navidad. Hay en cambio una ilusión que debemos aprovechar y que en todo caso debemos generar, si no la hay.

Todos los niños son afectados en este tiempo por el bombardeo agresivo de la propaganda y ambiente fuertemente materialista y mercantilista de este tiempo, así como por múltiples imágenes de la Navidad completamente lejanas a su sentido cristiano. ¿Es posible contrarrestar esta influencia desde el púlpito? ¿Qué debe decir el sacerdote en este tiempo a los niños y a los padres de niños pequeños?

La homilía dominical puede ser un momento propicio para inculcar en los niños el hábito de la oración. ¿Cómo hacerlo? Lo primero es considerar exactamente lo que acabamos de decir: la oración es un hábito, y como todo "hábito", en la medida en que se practica se interioriza y se vuelve parte de nuestra naturaleza. Claro que siempre puede perderse, como de hecho sucede con muchos buenos hábitos que habíamos adquirido y luego fuimos abandonando, pero se trata también de proporcionar buenos motivos para no perderlo. Por ello debemos dar a los niños razones convincentes acerca de la oración, de manera que la descubran no solamente como "algo bueno" sino como una verdadera necesidad.

Miércoles, 17 Abril 2013 11:21

Hablar a los niños de la oración I

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En algunas ocasiones el Evangelio puede ser una invitación para hablarles a los niños acerca de la oración. Como cuando vemos a Jesús en actitud de oración, o cuando sus apóstoles le piden: "enséñanos a orar". Pero, ¿cómo hacerlo? Esto puede ser un verdadero reto.

Una sentencia categórica reza así: "la mejor manera de enseñar a los niños a rezar es rezar con ellos". Lo primero que me viene a la mente es la primera vez que el Papa Francisco se dirigió a la multitud desde la fachada de la Basílica de San Pedro, la noche de su elección, cuando invitó a todos a rezar con él. Fue como un padre rezando con sus hijos, una verdadera muestra de pedagógico y paternal ejemplo.

Como regla general en el discurso es mejor utilizar frases cortas unidas entre sí con lógica y creatividad, que recurrir a largos párrafos que los oyentes no pueden seguir con facilidad y en los que el mismo orador corre el riesgo de enredarse.

Pero este principio fundamental se aplica con mayor rigor cuanto menor es la edad. Mientras más jóvenes son nuestros oyentes más el discurso debe construirse utilizando frases cortas y sencillas, aunque cuidando siempre que el hilo del discurso no sea desestructurado o confuso.

Les proponemos un sencillo ejemplo, en el que se presenta una idea de dos maneras diferentes. En el primer caso está dirigida a un grupo de adultos, en el segundo caso a un grupo de niños.

Lunes, 04 Febrero 2013 09:34

El lenguaje de los niños (II)

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Continuamos presentando algunos principios básicos acerca de cómo hablar a los niños.

5. En algunos casos, con los niños pueden ser más efectivos los razonamientos que derivan en algo afectivo que en algo propiamente intelectual. Por ejemplo, si se les quiere enseñar el amor hacia la Virgen María, en lugar de hacer una explicación -por más sencilla que sea- acerca del lugar de María en la Iglesia o en la historia de nuestra salvación, lo mejor será recurrir a la imagen materna que les es más natural, y explicarles que Jesús, por el amor que nos tiene, quiso compartir con nosotros el amor de su propia mamá, de manera que nosotros, además de la mamá que nos cuida en la tierra, tengamos una mamá en el Cielo que cuida de nosotros y que algún día podrá abrazarnos y decirnos cosas hermosas, como lo hace también nuestra madre terrena. 

Martes, 12 Junio 2012 15:40

El lenguaje de los niños (I)

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Es bastante obvio que no se puede hablar a los niños en los mismos términos en los que se habla a un adulto. Basta un hecho fundamental: hasta una determinada edad los niños no han desarrollado todavía la capacidad de abstracción, lo que implica medir muy bien nuestro lenguaje y escoger con cuidado lo que vamos a decir y el modo como lo vamos a decir. Aquí hay algunos principios básicos que pueden servir:

1. Lo primero es “conectar”. En todo discurso es importante la captatio. Pero en el caso de los niños es aún más importante, pues si no hay una “conexión” inicial con la persona que les habla, simplemente no tendrán la disposición de escuchar. Es esencial, por lo tanto, captar rápidamente su atención con alguna frase, pregunta o historia que llame su atención.

2. Esa conexión se debe dar no sólo al inicio, sino que se debe mantener a través de un discurso lógico muy claro y muy bien engarzado. Las frases inconexas o las ideas dispersas les confunden y no les permiten mantener la conversación. Esto hay que saber combinarlo con figuras y ejemplos adecuados.

3. Sé breve y conciso, con frases simples. No se deben hacer razonamientos demasiado prolongados que eventualmente desemboquen en una conclusión. Eso es algo que se puede hacer con adultos. Los niños pierden rápidamente el hilo de los razonamientos cuando son demasiado extensos. Incluso puede ser en muchos casos mejor iniciar con la afirmación principal y luego explicarla, para finalmente repetirla.

4. Con los niños suele ser muy útil dejar que ellos concluyan las frases. Eso hace que se fijen en su memoria las ideas. Por ejemplo, si se hace una homilía sobre la Eucaristía, luego de la explicación se puede decir: “Entonces, niños, luego de la consagración, el pan y el vino en quién se convierten?” Y todos deberían responder “en Jesús”, etc. Eso además ayuda mucho a mantenerlos concentrados.

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