Miércoles, 17 Abril 2013 11:21

Hablar a los niños de la oración I

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En algunas ocasiones el Evangelio puede ser una invitación para hablarles a los niños acerca de la oración. Como cuando vemos a Jesús en actitud de oración, o cuando sus apóstoles le piden: "enséñanos a orar". Pero, ¿cómo hacerlo? Esto puede ser un verdadero reto.

Una sentencia categórica reza así: "la mejor manera de enseñar a los niños a rezar es rezar con ellos". Lo primero que me viene a la mente es la primera vez que el Papa Francisco se dirigió a la multitud desde la fachada de la Basílica de San Pedro, la noche de su elección, cuando invitó a todos a rezar con él. Fue como un padre rezando con sus hijos, una verdadera muestra de pedagógico y paternal ejemplo.

Esto es algo que definitivamente se puede hacer al final de una homilía. Luego de haber explicado a los niños, de manera muy simple, los elementos que forman parte de la oración. Se les dice: "ahora vamos a pensar en aquello por lo que más queremos rezar a Dios el día de hoy, y luego vamos a rezar todos juntos la oración del Padre Nuestro, por esa intención que llevamos en nuestro corazón."

Pero tratemos de identificar algunos puntos fundamentales a considerar cuando se trata de explicar a los niños los secretos de la oración. Trataré de formularlo en el mismo lenguaje con el que podríamos dirigirnos a los niños.

  • Lo primero en la oración es "creer". Sí, creer que Dios nos escucha. A Él no lo vemos como vemos a nuestro papá o a nuestra mamá cuando queremos decirles algo. Por ello, cuando se trata de decirle algo a Dios, debemos creer que Él nos escucha. Esto nos lo enseñó el mismo Jesús, pues nos dijo: "pidan y se les dará", en otras palabras, Jesús nos enseña que si nos dirigimos a nuestro Padre del Cielo, debemos estar totalmente seguros de que Él nos escucha.
  • Otra cosa muy importante es que "rezar" no es simplemente pedir cosas. A nuestros padres, por ejemplo, no sólo andamos pidiéndoles cosas. Es cierto que muchas veces somos pedilones, pero a veces nos gusta también expresarles nuestro amor, como cuando decimos "te quiero mucho mamá, papá", o le decimos a nuestra mamá lo linda que es y a nuestro papá que es el mejor papá del mundo. De la misma manera, es importante que le digamos a Dios que le amamos, y le expresemos nuestro amor con nuestras palabras y con nuestros pensamientos. Además de ello, Dios también espera que le pidamos perdón, pues le gusta que nos arrepintamos del mal y que le expresemos nuestro deseo de hacer el bien. Finalmente, también espera Dios que le pidamos cosas, especialmente aquellas cosas que son realmente importantes.
  • Es muy importante que recemos con nuestro corazón. Ello se logra expresándole a Dios nuestros sentimientos. Cuando estamos tristes, es bueno decirle a Dios que lo estamos, y recordar que Jesús, en la Cruz, también sufrió como nosotros y por lo tanto comprende nuestra tristeza. Pero también es bueno que le manifestemos nuestra alegría, cuando estamos contentos, y le demos gracias porque nos da un motivo para estar contentos.
  • También podemos rezar con el silencio, o con nuestros gestos. A veces no sabemos qué decirle a Dios, o no sabemos cómo expresar lo que tenemos dentro. Pero sabemos que Dios, a pesar de eso, nos comprende, porque Él es capaz de ver todo lo que pasa por nuestra cabeza y todo lo que sentimos. Así que en esos momentos, podemos simplemente hacer silencio y dedicarle ese silencio a Dio, diciéndole: "Dios, tú sabemos mejor que yo lo que pasa dentro de mí..." y luego hacemos un momento de silencio. Dios "escucha y comprende nuestro silencio". Y también podemos acompañar ese silencio con nuestros gestos: poniéndonos de rodillas en la Iglesia, ante la imagen de Jesús o de María, juntando nuestras manos o cerrando nuestros ojos.
  • También podemos utilizar oraciones. A veces no sabemos qué decir, pero tenemos ganas de que Dios nos escuche. En esos casos podemos utilizar las oraciones que nos enseña la Iglesia, que son muy útiles para rezar. ¿Alguna vez hemos recitado una poesía a nuestra mamá? Es una manera de expresarle nuestro amor. Y nuestras mamás al escucharnos se ponen felices y si les repetimos la misma poesia cinco veces, estarán más felices todavía. Con la oración sucede algo similar. Cada vez que decimos el Ave María, le expresamos nuestro amor a nuestra Madre del Cielo. Pero hay una condición fundamental: debemos hacerlo con verdadero afecto, poniendo en ello nuestro corazón.
  • Estas son algunas de las maneras que se ocurrieron para explicar a los niños cómo debemos rezar. Otro tema podría ser explicar a los niños la importancia de la oración. Es decir, ¿porqué debemos rezar? Eso podemos hacerlo en un siguiente artículo.

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