Jueves, 25 Abril 2013 14:28

Hablar a los niños de la oración II

Valora este artículo
(0 votos)

La homilía dominical puede ser un momento propicio para inculcar en los niños el hábito de la oración. ¿Cómo hacerlo? Lo primero es considerar exactamente lo que acabamos de decir: la oración es un hábito, y como todo "hábito", en la medida en que se practica se interioriza y se vuelve parte de nuestra naturaleza. Claro que siempre puede perderse, como de hecho sucede con muchos buenos hábitos que habíamos adquirido y luego fuimos abandonando, pero se trata también de proporcionar buenos motivos para no perderlo. Por ello debemos dar a los niños razones convincentes acerca de la oración, de manera que la descubran no solamente como "algo bueno" sino como una verdadera necesidad.

Lo primero es recordar a los niños que la oración es un medio de comunicación tan válido y tan real como lo es una conversación con alguna persona o una llamada telefónica. Claro que es diferente, porque en la oración no interviene necesariamente nuestra voz; podemos rezar con la mente y con el corazón. Pero Dios ciertamente nos escucha y conoce nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Necesitamos rezar porque necesitamos de Dios. Necesitamos que Él nos hable y necesitamos escucharlo. Muchas veces se insiste en la oración como una "conversación" con Dios. Desde un punto de vista, es cierto que la oración es "diálogo" y es un verdadero encuentro con Dios. Pero hay que tener cuidado en explicar bien qué significa esto pues si el niño entiende la oración como simple "conversación", puede llegar a sentirse frustrado cunado ve que Dios no le responde y que en realidad no puede "dialogar" con Él como se dialoga con cualquier persona". Hay que explicarle que Dios muchas veces no nos habla como nos hablan los demás y que la oración require de la fe; de lo contrario puede convertirse en una especie de monólogo. Por ello son muy útiles y válidas las oraciones de la Iglesia que se nos enseña a repetir de niños. A través de ellas verdaderamente nos comunicamos con Dios.

Pero precisamente por eso, como Dios no necesariamente "nos habla", como nos hablan, por ejemplo, nuestros padres, sino que nos habla de muchas maneras diferentes, a través de signos, a través de la Biblia o a través de nuestra consciencia, debemos tener el hábito de escucharlo. Por lo tanto, si perdemos el hábito de rezar, cada vez nos es más difícil escuchar a Dios y percibir su presencia en nuestra vida.

Es importante que recemos porque a través de nuestra oración Dios realiza muchos bienes y concede muchos dones a las demás personas. Rezar, puede ser en muchas situaciones un acto de amor. Rezamos por las personas que amamos, pidiéndole a Dios que les conceda muchas cosas buenas; rezamos por los que sufren, pidiéndole a Dios que les quite el sufrimiento o que les de la fuerza para poder soportarlo; rezamos por los que están lejos de él o no le conocen, para que puedan encontrarse con Dios en su camino; rezamos también por nosotros mismos, por nuestras necesidades personales y por nuestras familias.

También se puede explicar a los niños que rezar es importante porque es una manera de recordar que Dios es importante y decírselo. ¿Acaso no les decimos a nuestros papás que los amamos y que son los mejores papás del mundo?. Si Dios nos ha dado la vida, nos ha dado todo lo que tenemos, ¿cómo no amarlo? Rezar es una manera muy concreta de amarlo y mostrarle nuestro respeto. Por eso la oración no debe consistir únicamente en pedir y pedir, sino también en dar gracias, en alabar y en pedir perdón cuando nos hemos comportado mal.

Finalmente, también es fundamental recordarles a los niños que la oración realmente nos pone en contacto con Dios. A veces eso sucede dentro de nosotros, sin que lo sintamos necesariamente; pero cuando rezamos, Dios verdaderamente nos escucha y actúa en nuestra vida. En la medida en que practicamos la oración, esa relación de amistad con Jesús se hace más y más intensa, hasta convertirse en algo realmente imprescindible en nuestra vida. Se convierte en el alimento de nuestro espíritu, tal como la materia alimenta nuestro cuerpo. Para pensar en la oración, es bueno recordar a los niños que algún día estaremos con Dios en el Cielo y entonces lo veremos cara a cara y nos relacionaremos con Él de manera directa, como nos relacionamos con las personas que amamos y están con nosotros; pero por ahora, mientras no podamos tener esa experiencia "directa" de su mirada y de su presencia entre nosotros, estamos llamados a relacionarnos con Él a través de los sacramentos y de la oración.

Visto 1759 veces Modificado por última vez en Lunes, 09 Septiembre 2013 11:11

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML.

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios