Lunes, 04 Febrero 2013 09:34

El lenguaje de los niños (II)

Continuamos presentando algunos principios básicos acerca de cómo hablar a los niños.

5. En algunos casos, con los niños pueden ser más efectivos los razonamientos que derivan en algo afectivo que en algo propiamente intelectual. Por ejemplo, si se les quiere enseñar el amor hacia la Virgen María, en lugar de hacer una explicación -por más sencilla que sea- acerca del lugar de María en la Iglesia o en la historia de nuestra salvación, lo mejor será recurrir a la imagen materna que les es más natural, y explicarles que Jesús, por el amor que nos tiene, quiso compartir con nosotros el amor de su propia mamá, de manera que nosotros, además de la mamá que nos cuida en la tierra, tengamos una mamá en el Cielo que cuida de nosotros y que algún día podrá abrazarnos y decirnos cosas hermosas, como lo hace también nuestra madre terrena. 

Martes, 12 Junio 2012 15:40

El lenguaje de los niños (I)

Es bastante obvio que no se puede hablar a los niños en los mismos términos en los que se habla a un adulto. Basta un hecho fundamental: hasta una determinada edad los niños no han desarrollado todavía la capacidad de abstracción, lo que implica medir muy bien nuestro lenguaje y escoger con cuidado lo que vamos a decir y el modo como lo vamos a decir. Aquí hay algunos principios básicos que pueden servir:

1. Lo primero es “conectar”. En todo discurso es importante la captatio. Pero en el caso de los niños es aún más importante, pues si no hay una “conexión” inicial con la persona que les habla, simplemente no tendrán la disposición de escuchar. Es esencial, por lo tanto, captar rápidamente su atención con alguna frase, pregunta o historia que llame su atención.

2. Esa conexión se debe dar no sólo al inicio, sino que se debe mantener a través de un discurso lógico muy claro y muy bien engarzado. Las frases inconexas o las ideas dispersas les confunden y no les permiten mantener la conversación. Esto hay que saber combinarlo con figuras y ejemplos adecuados.

3. Sé breve y conciso, con frases simples. No se deben hacer razonamientos demasiado prolongados que eventualmente desemboquen en una conclusión. Eso es algo que se puede hacer con adultos. Los niños pierden rápidamente el hilo de los razonamientos cuando son demasiado extensos. Incluso puede ser en muchos casos mejor iniciar con la afirmación principal y luego explicarla, para finalmente repetirla.

4. Con los niños suele ser muy útil dejar que ellos concluyan las frases. Eso hace que se fijen en su memoria las ideas. Por ejemplo, si se hace una homilía sobre la Eucaristía, luego de la explicación se puede decir: “Entonces, niños, luego de la consagración, el pan y el vino en quién se convierten?” Y todos deberían responder “en Jesús”, etc. Eso además ayuda mucho a mantenerlos concentrados.

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios