Viernes, 08 Junio 2012 15:43

San Juan Crisóstomo (347-407)

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Junto con San Basilio y los dos Gregorios (Niceno y Nacianceno), San Juan Crisóstomo es uno de los grandes padres de la Iglesia de oriente, representante de la llamada “Escuela de Antioquía”. Por su extraordinaria retórica, fue llamado con el apelativo de “boca de oro”, de donde viene el nombre griego de “Crisóstomo”.

De padres cristianos, estudió retórica bajo Libanius, uno de los más grandes oradores de su tiempo. Fue éste quien descubrió en Crisóstomo sus extraordinarias cualidades como orador. Su juventud transcurrió al estilo monástico en su propia casa, y luego de la muerte de su madre, mujer de gran virtud cristiana, por el año 374, se dirigió al desierto, donde vivió como anacoreta, a pesar de tener un precario estado de salud. Precisamente, su debilidad física lo forzó a regresar a Antioquía en el año 386, donde fue ordenado diácono y, cinco años después, sacerdote. En el año 397 fue elegido Obispo de Constantinopla, cargo que le comportó muchos sufrimientos y enemistades, en parte debido a su firmeza en defender la verdad y denunciar el mal públicamente. Murió en fama de santidad en el año 407.

San Juan Crisóstomo puede ser considerado no sólo el más grande orador entre los padres de la Iglesia, sino también el más grande pastoralista. De hecho, la fecundidad de su obra se debe mucho más a su acción pastoral que a su labor especulativa. Desde que fue ordenado sacerdote emprendió una actividad intensísima, en la que unía su labor educativa y hospitalaria en favor de los pobres con la actividad apostólica, caracterizada muchas veces por largos sermones que dejaban a todos en vilo, así como severas exhortaciones a monjes y eclesiásticos. Unía a un sorprendente dominio de los recursos de la oratoria, su cultura vastísima.

Todo ello le produjo numerosas incomprensiones y celos de parte de otros obispos, como es el caso de Teófilo, Patriarca de Alejandría, quien se arrepintió antes de su muerte de su enemistad con Crisóstomo, así como por parte de otros personajes de su tiempo, como el caso famoso del rencor que le tomó la emperatriz Eudoxia.

Entre sus obras, destacan sus Homilías sobre San Mateo, San Lucas, San Juan y los Hechos de los Apóstoles y su comentario sobre las cartas de San Pablo. Su exégesis combina elementos históricos y doctrinales, y es rica en aplicaciones morales. También destacan como obras principales: “Comparación de un rey y un monje”, “Libro de la Virginidad”, “Tratado de la Providencia”, “Tratado Sobre el Sacerdocio” –verdadero clásico de la literatura cristiana–, y “Las ocho Catequesis sobre el Bautismo”, recientemente descubiertas.

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