Lunes, 30 Marzo 2015 00:00

Lunes Santo 2015

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Lecturas: Is 42,1-7; Sal 26,1.2.3.13-14; Jn 12,1-11

  • La justicia definitiva. Las profesías de Isaías se refieren a la acción de Jesús el "siervo sufriente". Una de ellas es que el Mesías, el elegido del Padre, traerá "el derecho" a las naciones, una justicia que será definitiva. No es, ciertamente, una justicia humana, que se refiera a las leyes o al orden público, pues estas son realidades sólo temporales. La profesía se refiere más bien a una "justicia" análoga al estado de justicia original en la que Dios creó al hombre y que luego perdió a causa del pecado, y que ha sido restituida por Cristo y un día alcanzará su forma definitiva. Nosotros estamos llamados a participar desde ya de esa justicia con una vida pura y santa, siendo espiritualmente "justos", es decir rectos y libres, según el espíritu de Cristo.
  • Paralizados por el miedo. Una de las cosas que más paraliza al hombre y lo hace esclavo es el miedo. Pero, ¿qué miedo? Ciertamente no estamos hablando del miedo a las amenazas externas, como el sufrimiento, la enfermedad, o la misma muerte. A estas cosas todos en mayor o menor medida tenemos miedo, y es natural. Aquí hablamos de aquel miedo profundo que hay en el hombre, que le impide creer en Dios. Ese miedo que le hace esclavo y no le permite ser totalmente libre: esclavo de sus criterios, de sus pensamientos, de sus malos hábitos. Esto nos sucede con mucha más frecuencia de lo que pensamos. Por ejemplo, la tendencia a juzgar y a condenar al otro, está también enraizada en el miedo, pues en el fondo es una manera de escapar al propio juicio, a la consciencia sobre las propias faltas.
  • Confusión de planos. Cada vez que se lee este evangelio, casi no se puede evitar pensar en aquellos que andan criticando a la Iglesia diciendo, "porqué no venden esto o aquello y lo dan a los pobres". Además de la ignorancia, la otra fuente de este tipo de afirmaciones es el más simple y burdo cinismo. La motivación que se esconde tras ese tipo de afirmaciones no es el deseo auténtico de dar a los pobres, sino el afan destructivo, la hipocrecía, la soberbia. Cuidémonos de no juzgar antes de juzgarnos a nosotros mismos, porque puede sucedernos lo que a Judas, quien siguió el camino de la mentira, que lo condujo a la muerte.
  • Visto 1958 veces Modificado por última vez en Domingo, 29 Marzo 2015 19:04

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