Sábado, 26 Julio 2014 09:48

Con el Evangelio en la mano

Predicar con el Evangelio en la mano no es sino consecuencia de "vivir" con el Evangelio en la mano; es decir, que forme parte de nuestra realidad cotidiana. Esto, a la hora de preparar la homilía, debe traducirse en una pregunta muy concreta: ¿qué me dice a mí la Palabra de Cristo? Y la respuesta a esta pregunta es una de las claves del éxito en la homilía.

Claro que cuando hablamos de la "predicación" no debemos buscar "tener éxito", en el sentido mundano de la expresión, pero sí que debemos hacerlo en el sentido de alcanzar nuestro objetivo, que es llegar a la mente y al corazón de las personas con un mensaje claro y convincente, que tenga para sus vidas un significado concreto y que les motive a ser mejores personas y mejores cristianos.

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En estos días, al hablar con una persona que hace voluntariado en una escuela para niños con discapacidad física, ésta me pidió un consejo: ¿Cómo decirle a alguien que está sufriendo que Dios lo ama? ¡Tremenda pregunta! No es algo para tomar a la ligera o responder con una fórmula. La realidad del sufrimiento toca a todos, pero a algunos de una manera más dramática y, en muchos casos, permanente.

Ya que yo mismo tuve algunas experiencias pastorales en ese colegio y el contacto con el sufrimiento es parte de la vida del sacerdote, dediqué un tiempo a ensayar posibles respuestas. Algunas de ellas no son tanto respuestas directas a la pregunta cuanto criterios que debemos tomar en cuenta para que nuestras respuestas no sean una fórmula aprendida o un lugar común, sino un mensaje humano y convincente, y al mismo tiempo reflejen de la mejor manera posible la verdad acerca de esta realidad, tal como la predicó Jesús y la entiende la Iglesia.

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Lunes, 09 Diciembre 2013 12:01

El incansable Edward Manning

[Les presentamos a continuación un artículo escrito hace siglo y medio en el New York Tomes acerca de la figura del Card. Manning. En su mayoría el contenido es anecdótico y no se refiere directamente a aspectos relacionados con el arte de la predicación. Pero está muy bien escrito y resulta un cuadro muy pintoresco de la época sobre tres figuras excelentes de la oratoria mundial. Así que vale la pena. Algunos comentarios sugerentes relativos a la oratoria sagrada los comentamos entre corchetes]

La fuerza del Cardenal Manning como predicador

En qué se asemejan él, Mr. Gladstone y Horatio Seymour y en qué se distinguen claramente

Londres, 27 de octubre.— Entre la media docena de personajes a los que uno quisiera ver durante una estadía en Inglaterra no puede no mencionarse al Cardenal Manning. Se podría dejar fuera al Cardenal Newman y a Ruskin, tal y como el mismo Carlyle fue obviado durante su vida –pues estos tienen para nosotros una personalidad que se deja ver toda en el papel impreso, la cual en todo caso podría únicamente ser señalada o destacada en algo —o incluso debilitada— por una aparición del personaje mismo. Pero tal vez hay otros, no potencialmente más grandes que estos, a los que uno necesariamente tendría que ver si quisiera conservar una memoria viva de su generación. Presumo que la mayoría de personas incluiría a la Reina en esa lista, en parte porque se trata de una gran figura histórica en estrecho contacto con medio siglo de acontecimientos, pero sobre todo porque es un espectáculo tan raro como un trébol de cuatro hojas. Luego están Gladstone y Bright, cuyos títulos habría que considerar incontestablemente. Luego quedan un par de vacantes para llenar con gustos personales y luego el Cardenal Manning, el cual no puede quedar fuera.

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Jueves, 25 Abril 2013 09:34

La expresión de sentimientos

Un tema de gran importancia para enriquecer nuestra expresividad en las homilías, es la capacidad de comunicar emociones. El momento de la prédica suele estar marcado por una cierta tensión o rigidez que muchas veces bloquea la natural comunicación de lo que sentimos interiormente. Muchas veces también, hay que decirlo, mientras estamos predicando "no sentimos nada"; solemos estar concentrados en comunicar un determinado contenido y no prestamos mucha atención a nuestros "afectos" interiores. Ahora bien, es una cosa probada que los sentimientos muchas veces comunican más que las ideas. Transmitir indignación, alegría, tristeza o rabia, puede ser tremendamente eficaz y puede tener en nuestros oyentes una influencia muy grande, pues deja "impresiones" que a veces las ideas por sí solas no dejan. Las ideas se olvidan; los sentimientos, en cambio, dejan huella.

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Lunes, 15 Abril 2013 10:36

Una buena apertura puede ser decisiva

Una introducción, aunque sea pequeña, puede ser capaz de llamar la atención de todos los expectadores sobre un determinado discurso, pero tiene también el poder de matarlo incluso antes de haberlo desarrollado. De las primeras palabras o de la primera idea puede depender en gran medida el éxito de una comunicación. Por ello los grandes oradores y los teóricos clásicos de la retórica daban tanta importancia a la "Captatio".

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Viernes, 08 Febrero 2013 12:13

"Hablar" la homilía es mejor

¿Porqué cuando una persona lee delante de nosotros un discurso tenemos una sensación totalmente distinta de cuando una persona verdaderamente “nos habla”? Muchos sacerdotes eligen leer sus homilías en lugar de hablarlas. Pero la diferencia entre una y otra forma es muy grande. Por más bueno que sea el contenido escrito, siempre será mejor “hablarlo” sin leer. El grado de comunicación que se realiza cuando entre nosotros y nuestro público no existe otra mediación que la de nuestra voz, nuestros gestos y nuestra mirada, es significativamente más alto que aquel que se produce cuando se lee delante de las personas. En la lectura nuestro lenguaje se reduce a la voz y a nuestra entonación. En el lenguaje oral se involucra toda la persona: gestos, mirada, sentimientos. Por eso en muchos casos –es el caso de la homilía– el lenguaje oral es mucho más efectivo que el escrito.

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