[Tomado de: "San Bernardino de Siena", de A. G. Ferrers Howell, cap. III - Los sermones de San Bernardino (pag. 218-220).]

La fama de Bernardino en sus días se basó sobre todo en su extraordinario poder como predicador; de hecho, es una gran fortuna poseer un gran número de sus sermones, los que nos dan una idea bastante clara de cómo era su predicación. Pero antes de abordar sus sermones desde una perspectiva general, puede ser muy interesante citar algunos pasajes que nos dan su visión concreta acerca de la predicación y de los predicadores.

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Miércoles, 17 Abril 2013 10:36

Criterios para evaluar el impacto

¿Cómo determinar la magnitud del impacto que ha tenido una homilía? Es inevitable plantearse muchas veces esta pregunta. ¿Les habrá gustado? ¿Se habrán aburrido? ¿Les habrán interesado? etc... Lamentablemente, no siempre tenemos algún instrumento de medición objetiva sobre el impacto que puede haber tenida una prédica. Estaría completamente fuera de lugar repartir al final de la Misa un formulario para que los fieles expresen su opinión acerca de la predicación. Tampoco son fiables las opiniones de algunas personas siempre preocupadas por elogiar al sacerdote, o de aquellos que, con la mejor intención del mundo, ven siempre el lado positivo de las cosas. Tal vez los que tienen más fe en la acción de la Iglesia "ex opere operantis" estarán siempre en la dispoción de sacar buenos frutos de cualquier homilía, por más pobre que sea; pero no es el caso de todos.

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Viernes, 08 Febrero 2013 12:13

"Hablar" la homilía es mejor

¿Porqué cuando una persona lee delante de nosotros un discurso tenemos una sensación totalmente distinta de cuando una persona verdaderamente “nos habla”? Muchos sacerdotes eligen leer sus homilías en lugar de hablarlas. Pero la diferencia entre una y otra forma es muy grande. Por más bueno que sea el contenido escrito, siempre será mejor “hablarlo” sin leer. El grado de comunicación que se realiza cuando entre nosotros y nuestro público no existe otra mediación que la de nuestra voz, nuestros gestos y nuestra mirada, es significativamente más alto que aquel que se produce cuando se lee delante de las personas. En la lectura nuestro lenguaje se reduce a la voz y a nuestra entonación. En el lenguaje oral se involucra toda la persona: gestos, mirada, sentimientos. Por eso en muchos casos –es el caso de la homilía– el lenguaje oral es mucho más efectivo que el escrito.

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