Jueves, 31 Enero 2013 23:20

John Henry Newman y la búsqueda de la verdad

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)
 

Por John Bishop

[John Henry Newman, (Londres, 21 de febrero de 1801 - Birmingham, 11 de agosto de 1890) fue un sacerdote anglicano convertido al catolicismo en 1845, elevado más tarde a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y beatificado en el 2010 en una ceremonia que presidió el Papa Benedicto XVI en el Reino Unido. El presente artículo se refiere de manera específica a la predicación de Newman, conocida en su tiempo por su inteligencia genial y su gran habilidad para penetrar la realidad humana en sus dimensiones psicológica y espiritual].

Una de las cosas más impresionantes en relación con la vida de Newman es la predicación brillante que dio semana tras semana por casi dos décadas luego de su ordenación. Desde su nombramiento en su primera parroquia de San Clemente en 1824 hasta su sermón de despedida a la parroquia y amigos en Littlemore Oxford, en 1843, predicó más de mil sermones.

Horton Davies [anglicano practicante y distinguida autoridad inglesa de la historia del cristianismo en de la Universidad de Oxford] afirma: “Hombres de muchas denominaciones todavía acuden a sus sermones principalmente por su penetrante comprensión de la naturaleza humana y de su destino y por su guía moral e iluminación espiritual, los cuales se expresan admirablemente en la economía de la prosa inglesa, dinámica y sutil.”

Existen 8 volúmenes de sus sermones parroquiales y ordinarios realizados en la Iglesia universitaria de Santa María la Virgen en Oxford entre los años 1835-41. En 1849 publicó sus Discursos dirigidos a congregaciones mixtas y en 1857 sus Sermones pronunciados en diversas ocasiones. Los sermoes que predicó como Católico Romano son más directos y desafiantes, con pathos profundo y más audaces vuelos de la imaginación. Los sermones anglicanos, en cambio, tienen más refinamiento y la delicadeza de los sentimientos.

Traigo a su atención el libro publicado en 1969 por Fortress Press, La Predicación de J. H. Newman, editado con una introducción de W. D. White. Contiene su propia selección de los mejores sermones pronunciados en Santa María. Dos extraordinarias características son clave de su magnetismo: la espiritualidad pura de este hombre y su impresionante penetración psicológica.

Newman fue libre de la tentación de hacer uso de la predicación para exaltarse a sí mismo o para cualquier interés personal. Cierto que exaltó el oficio y el llamado de un ministro, pero su exaltación de dicho oficio no fue sino una base para su profundo sentido de asombro y reverencia frente a su propia vocación.

En 1859, Newman publicó un ensayo acerca de la Predicación en la Universidad. El principio dominante de su pensamiento es que cada sermón debe tener una intensión clara y consistente, así como una finalidad definida. Afirmó: “Definición es la vida de la predicación. Nada que resulte anónimo puede predicar, nada que esté muerto o no sea actual”.

La finalidad última de toda predicación es la salvación del que escucha. Nunca sucumbió a la tentación de ser un “orador de púlpito”. Newman concentró su predicación en el individuo concreto y definido.

En la predicación, la pureza de corazón consiste en desear una cosa sola. El compromiso con un único fin dirigido al bien espiritual es la única cosa necesaria para una predicación efectiva. Desde que el arte de predicar es persuasivo, el predicador debe instruir y convencer al intelectual así como mover los afectos y encender la voluntad de los que escuchan.

¿Cuál es el secreto de Newman? Su soberbia inteligencia, su conocimiento del lenguaje y el uso disciplinado del mismo, su búsqueda de la verdad, su intensa espiritualidad, son cualidades que ciertamente poseía. Rechazó la predicación tópica y oportuna. Su predicación fue apologética y polémica. Sus sermones parroquiales tiene que ver con las verdades eternas de la fe cristiana y el depósito de la verdad revelada en la Biblia y en la Tradición.

Rechazó también el recurso barato a emociones pasajeras, la exuberancia retórica, el uso del ingenio y del humor. Tuvo un sentido profundo de admiración y reverencia hacia su vocación de predicador. Sus sermones tiene una clara formación intelectual y dogmática, así como un marco bíblico. Ellos evocan emociones profundas y llevan un fondo de sentimiento que es vibrante y vivo.

La fascinación de Newman es la de un alma grandiosa luchando a través de la soledad en camino a la ciudad de Dios. Él es el peregrino de Bunyan hecho carne, en cuanto hombre, en cuanto alguien lleno de misticismo, en cuanto seguro de Dios como el mismo Bunyan. Pero es una mente distinta a la de Bunyan, la mente de Pascal, con toda la poesía y la imaginación de Coleridge, vestido a su vez en la más perfecta prosa inglesa. Él habló como uno que creía que la mano de Dios estaba en la vida humana, y gastó sus días como alguien que contempló desde lejos el reflejo de la luz eterna.

A lo largo de su vida supo echar una suerte de hechizo en las personas, uniéndolas a sí con una pasión rayana en la devoción personal. En una ocasión, Alexander Whyte [teólogo anglicano escocés, de la Iglesia libre de Escocia] lo visitó en el Oratorio de Birmingham y fue recibido con la mayor cortesía y franqueza. Un retrato autografiado del Cardenal tuvo un lugar de honor en el estudio de Whyte hasta el final de su vida. Escribió una apreciación acerca de Newman en la que afirmaba: “Vivo de admiración, esperanza y amor, y Newman me ha ayudado siempre inspirando en mí esos sentimientos hacia él y hacia muchos de sus trabajos”.

Si pensamos en aquellos que no compartieron su fe religiosa, los elogios no disminuyen. Podemos citar dos referencias a los servicios del domingo por la tarde en St. Mary. El primero es de Matthew Arnold [famoso poeta y crítico inglés de la era victoriana]: "¿Quién podría resistirse a los encantos de aquella aparición espiritual, deslizándose en la tenue luz de la tarde en St. Mary, elevándose en el púlpito, y luego, con la más fascinante de las voces, rompiendo el silencio con palabras y pensamientos que eran música religiosa, sutil , dulce y triste? Feliz el hombre que ha podido oír voces como aquella. Se convierten para él en una riqueza eterna. "

El Segundo es de J. A. Froude [historiador inglés muy conocido en su tiempo]: “Newman describió claramente algunos de los incidentes de la pasión de Nuestro Señor. Luego se detuvo. Por unos momentos hubo un gran silencio y la respiración pareció detenerse. Luego, con una voz tenue y diáfana, afirmó: ‘Ahora les pido que recuerden que aquel a quien estas cosas se hacían era Dios Todopoderoso.’ Era como si una descarga eléctrica hubiera pasado por la iglesia, como si todos los presentes hubiera comprendido por primera vez el significado de lo que había venido diciendo toda su vida".

¿Cuál es el secreto de la fascinación de Newman por mentes tan diferentes las unas de las otras y con la suya propia? Allí está la extraordinaria belleza de su estilo. No forzado, majestuoso pero nunca ahogado, sencillo, convincente, musical y sensible. Whyte encontró en él una especie de “piedra de toque” por la que no se podía detectar en su modo de escribir falta alguna de dignidad o pureza de dicción. Sobre su escritura, Newman afirmaba que su único deseo era el de expresar claramente y exactamente lo que quería significar.

Pero debemos ir más allá de su estilo si queremos encontrar el secreto de la estima que le profesaban él sus contemporáneos. Era su mismo ser el que conquistaba, ese ser que, ante el desafío de Charles Kingsley, dejó traslucir con gran honestidad y sinceridad en su Apología de 1864. Confesó que tenía un enorme deseo de influir sobre los demás. No era un mero intérprete de la verdad; tenía la pasión de un abogado exigiendo un veredicto. Era totalmente consciente de una misión por realizar.

Como predicador, se ganó una audiencia por el carácter inequívocamente religioso de su mensaje, que apela a las necesidades más profundas del hombre, por la apasionada intensidad de su causa, y por la fuerza y la gracia de su dicción, más que por su habilidad como orador.

Dean Church [ Richard William Church, escritor, hombre de iglesia contemporáneo y amigo de Newman] dijo acerca de los sermones de Newman “que éste los convertía en un mensaje fuerte, una llamada que llegó a cada hogar y a cada oyente, una invitación a ascender a las alturas de la religión”. Las palabras de Newman son el producto de una mente muy cuidadosa, y de un carácter sumamente enriquecido y finamente entrenado. No es sólo la técnica del sermón lo que suscita interés y atención; es el hombre y la intensidad de su mensaje. He allí por qué al leer sus sermones la primera impresión que se tiene no es suficiente, y por qué el interés va creciendo cuando se vuelve sobre ellos.

F. J. A. Hort [ Fenton John Anthony Hort fue un teólogo anglicano irlandés, y uno de los principales editores del Nuevo Testamento en griego original], en una carta dirigida a su mujer el 24 de agosto de 1890, a la muerte de Newman, afirmó: “La fuerza de sus sermones viene en parte de su pura e intensa devoción, y en parte de su maravillosa capacidad de lectura y análisis de los complejos pensamientos y sentimientos de los hombres; pero lo que se refiere a la fe, es cierto lo que dijo de él F. D. Maurice [Frederick Denison Maurice fue un teólogo inglés y socialista cristiano, autor de numerosas obras de teología, biblia y espiritualidad], que era gobernado interiormente por un infinito escepticismo, combinado con una devoción infinita”.

En la biografía de Alexander Whyte escrita por G. F. Barbour, este cita un incidente de los años de Whyte como estudiante. Alguno estaba recitando los sermones de W. Robertson [Frederick William Robertson fue un clérigo inglés de la iglesia anglicana, asceta y autor de varios volúmenes de sermones y comentarios al libro del Génesis y a algunas epístolas paulinas]. Señalando unos volúmenes de los sermones de Newman en el escaparate, Whyte afirmó: “Para mí, estos sermones son mucho mejores que los de Robertson. La expresividad de la prosa poética de Newman está bien ejemplificada en sus Sermones Parroquiales. Los pasajes más bellos están siempre engarzados con su pensamiento teológico. Su estilo es espiritual, penetrante, imaginativo, fluido. Cada adjetivo es importante y describe su fuerza. Casi toda la fascinación por su estilo reposa en su imaginativo sentimiento y su fluidez. Desde un punto de vista puramente literario no están muy lejos de la perfección absoluta. Mientras más fina y exigente es la mente, más los disfruta”.

Sus sermones fueron un factor importante en el Movimiento de Oxford, pero sobrevivieron sobre todo por su humanidad y su conocimiento tan cercano del ser humano expresado con un inglés impecable. En la última sentencia de su último sermón en Oxford, titulado “La despedida de los amigos”, empieza: “Oh, mis hermanos, mis amados amigos, si conocéis a alguien en cuyo destino haya estado, en alguna medida, ayudaros, esa persona os ha leído vuestras propias necesidades y vuestros propios sentimientos, y os ha confortado con esa lectura.” El mismo efecto tiene el lema escogido algunos años después para su escudo cardenalicio, “Cor ad cor loquitor”, “el corazón habla al corazón”, una sentencia tomada de las cartas de San Francisco de Sales.

“Tú siempre entiendes todo”, le dijo una vez al jovencito Newman su hermana, mientras él la consolaba en el llanto. He allí el secreto de su influencia. Esta vida nuestra tan extraña, ese entrelazado de emociones y motivaciones de que está hecho el corazón humano, Newman era capaz de interpretarlo y no existe cosa más interesante. Los títulos de estos sermones exhuman felicidad: “La grandeza y la pequeñez de la vida humana”, “El misterio del ‘ser’ presente”, “La curiosidad, una tentación al pecado” y “La Iglesia, un hogar para los que están solos”.

He aquí algunos puntos de valor de la predicación de Newman:

  • (1) La característica más notable de ella es elevado e intenso carácter religioso. Era intensamente hostil a la mundanidad de su tiempo. Hay una cierta nota sobrenatural acerca de su predicación. Él hizo a los hombres ver y sentir que hay una vida más alta que la terrenal y un mundo más brillante que el que vemos. Uno de los hombres jóvenes de su tiempo, dijo: "Los efectos de la predicación de Newman sobre nosotros, los más jóvenes fue que nos hizo dar un vuelco radical."
  • (2) El sifnificado ético de la fe para la vida cristiana es otro punto de valor en su predicación. El objetivo era mostrar que creer es algo natural, que es mejor ser crédulo que incrédulo, y reivindicar la razonabilidad de la fe.
  • (3) La intensidad de su fervor emocional y espiritual es otro eleemento que impresionaba en su predicación. Fue un hombre de sentimientos tiernos e intensos. Tenía una capacidad grande para establecer lazos con las personas. Su adios a los amigos anglicanos en un último sermón en Oxford, cuando los invocaba a no olvidarlo en el tiempo por venir, es incomparable en su pathos. Sobre esa ocasión se dice que en aquella asamblea los únicos ojos secos eran los del predicador. Hay algo profundamente conmovedor en sus expresiones de adoración apasionada, no sólo para con nuestro Señor, sino también para con su madre.
  • (4) Su predicación revela su conocimiento penetrante del alma humana. Su sutileza intelectual, su habilidad en el análisis psicológico, su comprensión de los motivos humanos, su estudio de sí mismo, todo era usado por él para interpretar el alma humana.
  • (5) El gran mérito de sus sermones es un unidad interna –la presencia de una nota dominante que daba unidad y gracia a cada sermón. Todos sus sermones llevaban la marca del apologista. Lo doctrinal y lo práctico eran en su visión idénticos. Hay una considerable amplitud y variedad en sus temas. No hay lugares comunes. Si hay similitudes, las cosas son afrontadas con tal frescura y singularidad de método que suscitan un interés renovado.
  • Tres cosas impresionan a quien estudia sus sermones: la dirección clara, la consistencia y el fluir libre de su pensamiento, así como su progresivo movimiento. La sutileza de pensamiento, la habilidad dialéctica, la gracia expositiva, la seriedad de su tono, su fuerte convicción y su sentimiento sincero hacen de los sermones de Newman un estudio valioso para predicadores de toda denominación y edad.

    [Traducción del artículo "John Henry Newman and the pursuit of truth", por John Bishop.].

    [Traducción con derechos reservados.]

    Visto 885 veces
    José Ignacio Tola Claux

    Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

    Sitio Web: artedepredicar.com

    Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
    Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

    Desarrollado por
    VE Multimedios