Predicar con los signos

No sólo se predica con la palabra; se predica también con los gestos y otros actos litúrgicos. En esta sección se publicarán artículos y se ofrecerán materiales útiles para hacer de la liturgia una verdadera "mistagoría", una catequesis completa que hable por sí misma. 

Miércoles, 01 Agosto 2012 14:55

Cómo proclamar la Palabra II

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Este artículo es complemento del anterior titulado predicar-con-los-signos/como-proclamar-la-palabra-i. A continuación nos referimos a algunos puntos que quedaron pendientes.

  • Es fundamental considerar que no se trata de una simple lectura de textos bíblicos, sino de una proclamación, un anuncio. Es importante entonces que tanto la postura del lector com su actitud de reverencia reflejen exactamente eso, que se trata de un acto solemne y sagrado.
  • Evitar subir al presbiterio con instrumentos musicales. Esto es algo que no se prohibe de manera explícita en el ordenamiento litúrgico pero que, en mi opinión, se debe evitar. Alguna vez he visto al salmista subir al lugar donde están las lecturas con una guitarra en la mano para acompañar el canto del salmo. Sin negar la motivación encomiable de querer embellecer musicalmente la oración en la Misa, esto puede generar un efecto sutil contraproducente, que es banalizar el momento y el lugar.
  • Martes, 31 Julio 2012 18:22

    Cómo proclamar la Palabra I

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    En este artículo nos proponemos dar algunos consejos muy prácticos para mejorar la proclamación de la Palabra de Dios en la Misa y los demás sacramentos. No es un asunto de poca monta; la lectura que se hace de los textos sagrados, dependiendo de cómo se haga, puede ayudar a la mejor disposición interior de los fieles o puede auyentarla. Pero antes de enumerar algunos puntos muy concretos, digamos alguna palabra sobre este ministerio tan importante.

    La proclamación de la Palabra de Dios también forma parte del oficio del predicador. En la Iglesia, casi siempre la homilías o el sermón están precedidos por la lectura del Evangelio o de algún texto bíblico. Pero además al sacerdote o al diácono sólo está reservada la proclamación del Evangelio en la Santa Misa y en algunas otras celebraciones sacramentales. Los demás fieles también participan de este ministerio y los criterios que se pueden dar para ejercerlo correctamente se aplican por igual a todos.

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