Sábado, 27 Septiembre 2014 00:00

Sábado XXV del Tiempo Ordinario 2014

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Lecturas: Ec 11, 9-12; Sal 89; Lucas 9, 43b-45

  • Libertad para el bien. Disfruta tu jueventud y pásala bien, parece ser el mensaje del libro del Eclesiastés. Es una invitación a aprovechar las cosas de la vida mientras tenemos tiempo, pero no de una manera indiscriminada, porque al mismo tiempo dice: "no olvides que en el juicio darás a Dios cuenta de tus acciones". Y para poder distinguir entre el bien y el mal está la moral cristiana que nos enseña los mandamientos y las leyes de la Iglesia. Éstas muchas veces aparecen como antagónicas del disfrute de la vida. Es decir, no se puede hacer lo que dice Quoelet y al mismo tiempo ser cristianos realmente y fieles al Evangelio. ¿Es esto así realmente? ¿O más bien existe la tentación de ir más allá de lo permitido y de desear lo que es ilícito y ofende a Dios? La libertad nos ha sido dada para ser felices y disfrutras las cosas buenas de la vida, pero es principalmente "libertad para el bien", jamás libertad para el pecado.
  • Aprender a "calcular nuestros años". El salmo 89 dice cosas muy ciertas acerca de la vida humana, unas que paradójicamente olvidamos siempre. Nos recuerda que nuestra vida es como el polvo que se vuela de las manos. ¿Qué son 90 o 100 años frente a la eternidad? Por eso mil años en la presencia de Dios son "como una sombra que pasa". De allí que el salmista le haga a Dios esta peculiar petición: "ayúdanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato". ¡Qué necesario es esto! Calcular nuestros años significa considerar la futilidad de las cosas humanas y la rapidez con que se nos va la vida. Nos recuerda que, por más que vivamos, el tiempo vuela y tenemos una sola oportunidad para construir lo que somos. Cada una de nuestras decisiones cuenta. Aprender "a calcular nuestros años", significa también "calcular nuestras decisiones".
  • Ser cristianos en todos los aspectos de nuestra vida. Así como sus apóstoles no comprendían la misión de Jesús, nosotros tampoco la comprendemos suficientemente; no comprendemos quién es Él y cuáles son en nuestra vida las consecuencias reales de seguirlo. Existe el riesgo de que la vida cristiana se convierta en una especie de "hobby" o una disciplina de autoayuda como el yoga o el tai-chi. Algo análogo sucedió con los apóstoles, que veían a Jesús con criterios demasiado humanos o políticos. Por eso Jesús insiste: "meteos bien esto en la cabeza". Nosotros debemos meternos bien en la cabeza que nuestro cristianismo no puede ser superficial, porque si Jesús es quien dijo ser, las consecuencias de seguirlo son totalmente radicales y deben informar cada aspecto de nuestra vida. No solo es el cumplimiento de los mandamientos o la asistencia a Misa; es también nuestro comportamiento diario, la forma como pensamos y hasta cómo hablamos y cómo nos vestimos. La frivolidad y la mundanidad invaden nuestra vida y encuentran espacio apenas les damos una posibilidad; y estas cosas son radicalmente contrarias al cristianismo.
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