Miércoles, 01 Octubre 2014 00:00

Miércoles XXVI del Tiempo Ordinario 2014

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Lecturas: Job 9,1-12.14-16; Sal 87; Lc 9,57-62

  • Humildad frente a Dios. La humildad es una virtud que goza de gran popularidad entre la gente. Pero en el mundo, muchas veces los mismos que alaban la humildad de una persona, descalifican totalmente la humildad religiosa, es decir la humildad frente a Dios. Nadie es auténticamente humilde si no lo es en primer lugar en relación con Dios. Es una de las características del santo Job. Claro que hay un cierto fatalismo en su manera de ver las cosas, después de todo Jesús aún no había venido al mundo a proclamar la ley nueva de su Reino. Pero Job es muy consciente de la distancia que existe entre él y Dios, y no se atreve a juzgar sus designios ni a someter a sus razonamientos humanos los pensamientos de Dios. Y nosotros, ¿cuántas veces hacemos precisamente esto? La soberbia es uno de los pecados más graves, tal vez no tanto desde el punto de vista moral, cuanto por las consecuencias terribles que acarrea en los seres humanos. Como dice Job, "¿Quién le resiste y queda ileso?", que es como decir que quien se rebela contra Dios se rebela contra sí mismo.
  • La urgencia de responder. El Evangelio de hoy nos presenta varios encuentros de Jesús que parecen furtivos; nada sabemos del desenlace de cada uno de estos encuentros. Pero todos tienen una común características: la inmediatez. Debemos ver en cada una de estas repuestas de Jesús, la urgencia de nuestra conversión y la necesidad imperante de seguir a Jesús aquí y ahora. Cuando se habla de estos temas solemos escuchar con atención y reconocer la verdad que nos proponen, pero es probable que salgamos de la Iglesia y nuestra vida siga siendo exactamente la misma. Nada ha cambiado. Por ello debemos reconocer que estas palabras son dichas a nosotros: deja que los muertos entierren a sus muertos. Si nuestro cristianismo es de rutina y no estamos en permanente conversión al Evangelio, si nuestras múltiples ocupaciones o intereses obstaculizan nuestra vida cristiana, entonces estas palabras están dirigidas especialmente a nosotros.
  • La procrastinación. Procrastinar viene de "pro cras", que significa "para mañana". Significa por tanto dejar siempre para mañana lo que podemos hacer el día de hoy. Es un vicio muy común y todos lo padecemos en menor o mayor medida, pues tendemos a dilatar las cosas necesarias cuando nos incomodan o nos cuesta enfrentarlas. Huir de la realidad es como un mecanismo de defensa. Sin embargo todos reconocemos que se trata de un problema con el que debemos luchar, especialmente cuando afecta a los demás. Pero, ¿qué hay de la procrastinación que se da con las cosas de Dios, en nuestra relación con Él, en nuestra vida espiritual. Esta procrastinación es la más grave de todas, pues dilata nuestra conversión y permite que se vayan afianzando cada vez más nuestros hábitos de pecados y nuestra mediocridad.
  • Visto 2072 veces Modificado por última vez en Jueves, 01 Enero 2015 10:19

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